Alcàsser. De manguis, camellos y soldados varios.


Ya lo comenté hace tiempo en Rumorología, pero seguimos igual.

Últimamente parece que la teoría del Clan de la Moraleja se está intentando desacreditar. Me da lo mismo cómo se llame el Clan y quiénes lo compongan. Pero que D. Fernando García y D. Juan Ignacio Blanco estaban en lo cierto cuando apuntaban hacia una red de personas todopoderosas a todos los niveles, está más que claro. No irían tan desencaminados cuando se les ha intentado aplastar por todos los medios. Incluso pidiendo para ellos penas de cárcel equivalentes al homicidio, simplemente por hacer unas declaraciones, más o menos injuriosas y más o menos calumniosas.

Ya no sé cómo hay que explicarle a alguno que es imposible que manguis, camellos, sectas de todo a cien o soldados varios -de la organización que sea- puedan conseguir:

  • Que se mande a un padre al extranjero para que no esté el dia “D”.
  • Que el mismo día, dos que no tenían porque estar allí ese día, descubran los cuerpos.
  • Que se les dé un par de guantes y se les mande a “buscar por ahí, a ver que encuentran”.
  • Que se sustituya al equipo de la UCO el día anterior y los sustitutos no lleguen hasta la noche del 27.
  • Que el levantamiento de cadáveres se haga de la peor manera posible. Y no se tomen fotos de los cuerpos dentro de la fosa ni de su extracción.
  • Que los cadáveres aparezcan vestidos para que sean reconocidos por las ropas y objetos personales y ni se les ocurra hacer pruebas de ADN.
  • Que desaparezcan dos manos y 17 dientes de los cadáveres. ¡Por la putrefacción!, dice un forense.
  • Que aparezcan huesos y fragmentos óseos que no pertenecen a los cadáveres.
  • Que aparezcan pruebas inverosímiles en el entorno. Como el famoso papelito en trozos que les llevó directos hasta Enrique Anglés primero y luego, gracias a la oportuna “llamada de los Kelloggs”, hasta un Antonio al que no se volvió a ver.
  • Que se hagan las autopsias a toda prisa para que otro forense no llegue a tiempo.
  • Que se laven las ropas y los cadáveres.
  • Que se extirpen las manos, cabezas, genitales y anos para que cuando llegue el citado forense no quede nada que mirar.
  • Que los testigos parezcan intimidados y varios cambien sus testimonios.
  • Que alguna declaración ni siquiera se incorpore al sumario.
  • Que algunos testigos cruciales se hayan ido del pueblo.
  • Que abogados, fiscales y jueces tuvieran muy claro qué debían hacer y qué no.
  • Que se escape uno de los imputados, el principal, y no vuelva a aparecer jamás. ¿Está vivo? Porque ya han pagado a las familias por él, como si se le hubiera juzgado y fuera culpable.
  • Que se censuren libros.
  • Que alguno de los no censurados sean imposibles o casi imposibles de conseguir… Salvo los V.O.
  • Que se procese y calumnie a los que protestan por la manipulación.
  • Que la prensa y la televisión ni se atrevan a discrepar ni a investigar lo sucedido.
  • Que se hagan interpelaciones en el parlamento, pero cuando luego se cambia de gobierno todo sigue igual.
  • Que, en definitiva, ningún gobierno del signo que sea haya reabierto el caso o movilizado el sumario “B”.
  • Que el único condenado, Miguel Ricart, no conceda entrevistas desde hace años. Y que nos hayan intentado colocar una entrevista de abril de 2001 (hecha por Esmeralda Velasco, de Antena 3 – Comunidad Valenciana) como si fuera actual. ¿Dónde está Miguel Ricart? ¿Está?

Todo esto cuando supuestamente había gran alarma social y un gobierno preocupado al máximo por las siguientes elecciones generales. ¿Quién se habría atrevido a ser torpe o ineficaz con el Gobierno mirando? Les iba su cargo y su futuro en ello… Habrían elegido a los mejores y se habrían entregado al máximo para hacer el mejor trabajo posible.

Si se hizo como se hizo es porque… Sí… por eso. Con el Gobierno mirando.

Y fueron ascendidos.

¿Y todo eso por unos manguis, camellos o soldados varios? Aquí hay quien confunde a los autores con los encubridores. Al clan de pervertidos y a los asesinos rituales con las cloacas del Estado. Los encubridores, ya sabemos quiénes son. Pero ¿se habría encubierto a unos camellos o unos soldados?

¿Esos soldados también habían bajado hasta Alicante para llevarse a Gloria Martínez Ruiz? ¿Y antes se habían dirigido hacia el interior de España e hicieron desaparecer a Virginia Guerrero Espejo y Manuela Torres Bougeffa, de Aguilar de Campoo? ¿Y a Cristina Bergua, de Cornellá de Llobregat? ¿Y a Marta del Castillo, de Sevilla? ¿Y se fueron hasta Vecindario, en la isla de Gran Canaria -Santa Lucía de Tirajana-, para hacer desaparecer a Yéremi Vargas? ¿Y hasta Las Palmas de Gran Canaria para llevarse a Sara Morales? Y podríamos citar decenas de casos más.

Lo que hacen los soldados cuando desembarcan es ir corriendo al burdel o al bar más cercanos… o a los dos sitios. Las violaciones se producen en medio de una guerra, cuando el porcentaje de animales que hay en todos los ejércitos entran en un pueblo o una ciudad conquistada y arrasan con todo, empezando con las mujeres.

Aparte de eso… ¿Nos creemos que Marta Obregón Rodríguez, Olga Sangrador Caballo, Leticia Lebrato, María del Carmen Rivas y tantas otras niñas, fueron asesinadas por el típico criminal sexual solitario, o nos creemos que hay una red?

¿Quién puede conseguir todo eso, quedar impune, y que tras veinte años nadie se atreva a hablar?

Seamos serios… Que las teorías de manguis, camellos y soldados las propague un troll, tiene un pase. Pero que las fomente cualquier individuo o grupo que pretenda honrar la memoria de las niñas, es penoso. Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?