La pesadilla.

La lluvia golpeaba contra los cristales, los flashes de los relámpagos y el sonido de los truenos no le dejaban concentrarse. Juan Ignacio no dejaba de pensar, mientras los apellidos daban vueltas en su cabeza. Tantas veces, que ya los había ordenado alfabéticamente. Arbona, Beltrán, Benítez, Cano, Díez, Flores, Garzón, González, Hervás, Martín, Moreno, Nieto, Pérez, Pizarro, Polo, Rivas, Ros, Soria, Toledo, Tomás. Ya no sabía si lo estaba diciendo bien.

Le pareció ver una sombra. Pero no podía ser. Lo de la sombra no había coincidido con ningún relámpago y tenía las luces apagadas. La única claridad provenía del televisor, que estaba encendido, pero sin sonido. Nada, que era imposible.

Entonces escuchó una risa en voz baja. Ahora sí que estaba asustado. Había sonado en la misma habitación cerca de él. Intentó escudriñar en la oscuridad y entonces, ahora sí que estaba seguro, escuchó “Kol Nidre… Kol Nidre…”

Juan Ignacio pegó un bote y se puso de pie.

– ¿Quién anda ahí?

– “Crees que lo sabes todo, pero te falta lo más importante”. La sombra volvió a reír quedamente. “Esos apellidos… ¿No entiendes por qué hicieron lo que hicieron, verdad?”

La sombra se acercó. “Kol Nidre… Kol Nidre…”

¿Colnidre? Eso ¿qué demonios era? Bueno, ya lo miraría en la wikipedia, o lo que fuera. O no, tiene que ser algún chiflado.

– “No te acerques más y lárgate de mi casa.”

Empezaba a sentirse agobiado y le faltaba el aire. Pero la sombra siguió acercándose.

Juan Ignacio tenía el pulso al máximo y ya notaba cómo se le iba la cabeza. Intentó decir algo, pero la sombra ya estaba casi encima… Extendió los brazos para detenerla. Todo se nubló de pronto…. Y Juan Ignacio se hundió en la niebla.

Se despertó bruscamente, bañado en sudor frío.

– “Evidentemente, vaya estupidez de sueño…”, se dijo. Pero tenía algo pendiente. ¡Ah, sí!… La palabreja aquélla… Intentó recordarla, pero no pudo por más que le dio vueltas a la cabeza. Lógicamente, era una pérdida de tiempo de todas formas. Un sueño es un sueño, pocos se recuerdan y a pocos les damos importancia.

Mejor irse a dormir. Al día siguiente seguiría con sus investigaciones…

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