Almudena y Azucena.



Las niñas Almudena y Azucena Martínez García, de Ibiza, tenían tan sólo ocho y nueve años cuando desaparecieron el 25 de diciembre de 1991. Estaban jugando -en compañía de una vecina de dos años- al lado de su casa, en la calle Vista Alegre del barrio de Sa Penya de Dalt Vila (Sepeña).

En los primeros momentos se pensó que había sido una desaparición por motivos sexuales. No se consideraba la posibilidad de un secuestro, porque su familia pasaba por una mala situación económica. El padre, Emiliano Martínez, nacido en Cuenca, trabajaba de peón en la empresa concesionaria del servicio de recogida de basuras. La madre, Josefa García, natural de Cartagena, había sido intervenida quirúrgicamente cuatro veces y estaba mal de salud.

No había otros problemas que pudieran estar relacionados con la desaparición de las niñas. Aunque la familia vivía en un barrio marginal, en el que había tráfico de drogas, los padres de las pequeñas no tenían nada que ver con ese ambiente.

Las primeras noticias resaltaban que los agentes de policía encargados del caso descartaban que las niñas se hubieran caído al mar, y que era muy posible que alguien se las hubiera llevado del barrio. No obstante, miembros del Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil rastrearon varias veces el muelle, ayudados por un helicóptero del SAR, sin encontrar nada, a pesar de que los buceadores iban provistos de potentes focos para reconocer el fondo marino.

Un niño de la zona declaró que había visto a las niñas hablar con un hombre desconocido, alto y rubio, que les ofreció dinero para jugar a las máquinas tragaperras. Las hizo subir a un coche rojo y se las llevó.

La niñita de dos años amiga de las niñas apareció en el puerto de Ibiza, situado a unos 400 metros de su domicilio, sobre las seis de la tarde, muy nerviosa y excitada.

De izquierda a derecha, la casa de las niñas y el puerto. El mismo guión que con Ana Castro Melo.


La versión de los hechos de la prensa y de las autoridades cambió radicalmente cuando Almudena y Azucena aparecieron en el fondo del puerto, a las 9:30 de la mañana del jueves 2 de enero de 1992. Oficialmente sus cuerpos fueron atraídos a la superficie del agua por la turbulencia de las hélices del buque “Ciudad de Palma“, que atracaba en el puerto de Ibiza procedente de Barcelona.

Los cuerpos fueron trasladados al hospital Cam Mises, donde se les practicó la autopsia, en la que se dictaminó que las niñas habían perecido por “asfixia por inmersión“, sin que se hallara signo alguno de violencia en sus cuerpos. 

De repente, todos los indicios apuntaban a que las niñas “se habían caído accidentalmente al mar cuando jugaban en el puerto“. Esa, al menos, fue la versión facilitada por el delegado del Gobierno en Ibiza y Formentera, Francisco Bonet RedolatComo quizás les diera demasiada vergüenza esta versión, también circuló otra alternativa: una de las niñas se habría caído al mar y la otra se lanzó en su auxilio, pereciendo ahogadas ambas.

La niñita amiga de las niñas, ahora resulta que había sido encontrada llorando mientras señalaba el mar con el dedo diciendo “agua“. Y no lo había dicho una vez, sino quince.

El día tres de enero se ofició el funeral por las víctimas en la iglesia de Sant Elm. El entierro se realizó en el cementerio Nuevo de Ibiza.

El día cuatro de enero, los padres solicitaron que se realizara una segunda autopsia a los cadáveres, ya que no estaban conformes con la versión oficial que decretó una muerte accidental por caída al agua, por lo que el Juzgado de Instrucción nº 2 de Ibiza había cerrado el caso.

Que yo sepa, el caso de Almudena y Azucena no volvió a ser tratado por la prensa nunca más.

Personalmente, me parece uno de los casos más vergonzosos de todos de los que he tenido noticia. Llega un momento en ya no sabes como calificar un Sistema que tolera y deja impunes este tipo de hechos. La niñita de dos años tenía razón, pero el niño que vio cómo se llevaban a sus dos amigas en un coche rojo, por lo visto no sabía de qué estaba hablando.

2 comentarios en “Almudena y Azucena.

  1. Vergonzoso es quedarse corto. Ojalá algún dia acabe esta pesadilla

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