Rachel Corrie. (1/2)




Rachel Aliene Corrie nació el 10 de abril de 1979 en Olympia, en el estado de Washington, Estados Unidos.

Era la hija menor de Craig y Cindy Corrie. Su padre trabajaba en una compañía de seguros. Tenía tres hermanos.

Se graduó en la Capital High School y después asistió al Evergreen State College, siempre en Olympia, para estudiar Arte. Se tomó un año sabático para trabajar como voluntaria ecologista en el Washington Conservation Corps. Dedicó otros tres años a hacer visitas semanales a pacientes psiquiátricos. Luego se unió a un grupo llamado “Ciudadanos de Olympia por la Paz y la Solidaridad.”

En definitiva, era un maravilloso ser humano. Una joven comprometida con los problemas de sus semejantes, de la naturaleza y del mundo. Una persona idealista, de las que tan necesitados estamos.

Más tarde, se convirtió en miembro del ISM, el Movimiento de Solidaridad Internacional, una organización para contrarrestar por medios no violentos la política del ejército de Israel en Gaza y Cisjordania. Rachel desarrolló un proyecto para viajar a Gaza, unirse a las protestas, y convertir en ciudades hermanas a Olympia y Rafah, así como un programa de intercambio de correspondencia entre los niños de ambas ciudades.

Rachel voló hacia Israel el 22 de enero del año 2003. Después de pasar la noche en Jerusalén Este, se sometió a un cursillo de entrenamiento de dos días en el cuartel general del ISM en Cisjordania antes de dirigirse a Rafah para unirse a las manifestaciones del ISM. Estudió tácticas de acción directa, que incluían reglas básicas para no resultar herida. Por ejemplo, “Llevar chalecos fluorescentes. No correr. No hacer nada que pueda alarmar al ejército. Intentar comunicarse por megáfono. Hacer evidente tu presencia.”


El muro en Cisjordania.

La franja de Gaza.

Punto de entrada de Rachel en la franja de Gaza.

Pérdida de territorio palestino desde la partición de 1947.

El 27 de enero, Rachel se dirigió al punto de control de Erez, acompañada de Willian Hewitt –también de Olympia- y se dirigió a Rafah.

En Rafah, Rachel actuó como escudo humano para intentar impedir las demoliciones de viviendas llevadas a cabo por el ejército de Israel (IDF) usando bulldozers blindados. Las demoliciones eran una táctica habitual empleada en Rafah como táctica de castigo colectivo a la población palestina. Unos 1700 hogares fueron demolidos entre los años 2000 y 2004, dejando sin vivienda a unas 17000 personas .

Rafah. Block J.


En la primera noche de estancia en la zona, Rachel y otros dos miembros del ISM acamparon en el Block J, una zona de Rafah densamente poblada sometida al fuego de francotiradores israelíes. Situándose de modo visible entre los francotiradores y la población palestina residente, esperaban detener el tiroteo desplegando pancartas anunciando que eran observadores internacionales. Pero los soldados israelíes hicieron fuego alrededor de su tienda de campaña. Rachel y sus compañeros comprendieron que su presencia provocaba a los israelíes, en lugar de aplacarlos, así que levantaron el campamento y abandonaron el área.


Qishta, un palestino que trabajaba como intérprete, declaró: “No es que fueran valientes, es que estaban locos.”

Algunos militantes palestinos temieron que los observadores acampados pudieran ser atrapados en un fuego cruzado entre los israelíes y los palestinos. Otros temían que pudieran ser espías. ¿Quiénes son? ¿Por qué están aquí? ¿Quién les dijo que vinieran? Así que Corrie se dedicó a despejar sospechas. Aprendió unas cuantas palabras de árabe y participó en un juicio virtual denunciando los crímenes de la administración Bush. Con el tiempo, los miembros del ISM acabaron siendo admitidos en los hogares palestinos, que les daban cama y comida.

Rachel declaró en una entrevista: “Me siento como si fuera testigo de la destrucción sistemática de la posibilidad de supervivencia de un pueblo… A veces me siento a comer con la gente y me doy cuenta de que hay una máquina militar que nos rodea y que intenta matar a la gente con la que estoy comiendo.”

En el último mes de su vida, Rachel pasó mucho tiempo junto al pozo Canadá, construído en 1999 con fondos de la CIDA (Canadian International Development Agency), tratando de proteger a los trabajadores municipales de Rafah. Los pozos Canadá y El Iskan suministraban más del 50% del agua de Rafah. Los activistas del ISM fueron a la zona porque los tanques y los francotiradores israelíes solían abrir fuego contra los trabajadores civiles encargados del mantenimiento de los pozos, que resultaron dañados por bulldozers israelíes. El gobierno de Canadá se abstuvo de protestar y de denunciar las acciones del ejército de Israel y se limitó a financiar los costes de reparación, unos 450.000 dólares. Total, pagaba el pueblo canadiense.

Durante su estancia en Gaza, Rachel tomó parte el 15 de febrero de 2003 en una protesta contra la invasión de Iraq. Unos niños le entregaron dos dibujos, uno de una bandera norteamericana y otro de una israelí, para que los quemara. Rachel quemó el de la bandera americana. Esto le acarreó críticas por hacerlo frente a los niños, lo que generaba odio hacia los Estados Unidos. Probablemente no quemó el de la bandera israelí para no darles un pretexto para actuar contra ella y su organización.

Creo que en esto Rachel estaba equivocada. Los Estados Unidos y su pueblo no tenían ninguna culpa de que sus dirigentes, títeres en manos de los sionistas americanos, dieran carta libre a Israel para actuar a su antojo y sirvieran de guardia de asalto del sionismo. Rachel debería haber explicado a los niños que los “malos” no eran el pueblo norteamericano ni el pueblo israelí, sino sus gobiernos sionistas. Pero hay que tener en cuenta que Rachel no tuvo mucho tiempo para reflexionar. Le pusieron dos dibujos en las manos y tuvo que tomar una decisión en un instante. Y los americanos que criticaron a Rachel deberían haberse dado cuenta de que precisamente ella era la que llevaba una visión positiva del pueblo americano ante los ojos de los palestinos, que por primera vez advirtieron que los americanos podían ser solidarios y arriesgar sus vidas por ellos.

Hasta qué punto esto era cierto, iba a verse muy pronto.