Mari Luz Cortés Suárez. (1/3)

1.- Mari Luz



Mari Luz Cortés Suárez nació en Huelva, en el hospital Juan Ramón Jiménez, el 12 de diciembre de 2002. Vivía en el número 4 de la Plaza Rosa de la barriada de El Torrejón. Según cuentan sus padres, Juan José Cortés Fernández –pastor gitano de la Iglesia Evangélica de Filadelfia- e Irene Suárez Fernández -trabajadora de la Fundación Secretariado Gitano-, “fue como un regalo del Dios”. Tenía dos hermanos, Daniel y Juan José, de trece y diez años de edad.




Era una niña muy alegre y sociable a la que le encantaba bailar y cantar, pero lloraba enseguida si estaba separada de sus padres. No quería quedarse sola y le daba miedo la oscuridad. Cuando quería hablar con su padre, ella misma cogía el móvil y marcaba el número.




Mari Luz iba bien en el colegio, era trabajadora e inteligente y se le daba bien dibujar. Le gustaba ayudar a su madre con las tareas domésticas y en su tiempo libre veía dibujos animados o acompañaba a su madre al mercadillo. En sus últimas vacaciones, había disfrutado mucho en el parque acuático y en el Zoo Marine de Albufeira, en el Algarve. Le gustaba mucho ir a la playa.

El 13 de enero de 2008, un domingo lluvioso y frío, Mari Luz desapareció cuando bajó de su casa sobre las cuatro y media de la tarde para comprar palomitas en el quiosco María “Las Carrasco”, en el número 5 de la Avenida de Las Flores. Nunca iba sola, pero ese día su madre no se sentía bien. Se había tomado un relajante muscular y después se había echado en un sofá. La niña cogió el euro que le dio su madre y bajó a la calle. Llevaba una camiseta fucsia, una falda vaquera corta, leotardos de color rosa y botas vaqueras de color azul, con cremallera. Al llegar al quiosco la atendió el dueño, Fernando Salazar Koopman.




Este tal Salazar… ¿había atendido anteriormente a Mari Luz? ¿Se le investigó? ¿Había más testigos presentes cuando Mari Luz llegó al quiosco para comprar las palomitas?

En cualquier caso, el quiosquero se había fabricado su propia coartada. Según él, Mari Luz iba acompañada de otras dos niñas. ¿Se las localizó para comprobarlo?




A partir de ahí, se pierde la pista de la niña. Nadie volvió a verla jamás con vida.

Desde el momento de su desaparición, la familia de Mari Luz organizó movilizaciones por varias ciudades para pedir su vuelta a casa.

El día quince, un equipo de psicólogos de la Cruz Roja se trasladó al domicilio de la niña para apoyar a los padres.

El miércoles día dieciséis se realizó una manifestación, en la que más de 5.000 personas apoyaron a la familia de Mari Luz. Al día siguiente, varios pueblos de la provincia expresaron su solidaridad. Y en Huelva, cerca cuatrocientas personas se concentraron a las puertas del Ayuntamiento para pedir la vuelta de la niña desparecida.



El jueves diecisiete de enero, la familia declaró que sospechaba de unos rumanos que se habían acercado hasta el mercadillo que regentaban los domingos en el núcleo costero de El Portil para solicitar que se les dejara instalar puestos, lo que les fue denegado, por lo que podrían haber querido vengarse.

Se comprende que la familia sopesara todas las posibilidades, pero en principio no parece proporcionado que nadie pueda planear semejante venganza porque se le denegara instalar unos puestos.

El día veinte, mil personas acudieron a una misa por Mari Luz. Y el veintidós se realizaron concentraciones entre las cinco y las seis de la tarde en las plazas principales de quince capitales españolas. Juan José estuvo presente en la convocada en la Plaza Mayor de Madrid.

El trece de febrero, un equipo de detectives privados, contratados por la familia, comenzó la búsqueda de la niña.

Pero pasaría todavía casi un mes antes de que apareciera.
Al fin, cincuenta y cuatro días después de la desaparición de Mari Luz, el día siete de marzo, un empleado de una refinería de Cepsa encontró el cuerpo de la pequeña, flotando en un muelle de la ría de Huelva. La ropa y el tamaño del cuerpo coincidían con la descripción de Mari Luz. El cadáver fue trasladado por la Guardia Civil hacia el Muelle de Levante, y de allí al Instituto Anatómico Forense, donde le fue practicada la autopsia.

La zona donde apareció la niña ya había sido inspeccionada poco después de su desaparición, sin encontrar rastro alguno.

Juan José, el padre de la pequeña, identificó su cadáver. Tenía poco pelo, un golpe en la cabeza y le faltaban las uñas. Irene Suárez, su madre, no se atrevió a entrar a verla. Los familiares pasaron toda la noche del viernes en el tanatorio, atendidos por efectivos de la Cruz Roja y Protección Civil.

El Ayuntamiento de Huelva decretó tres días de luto oficial en señal de duelo por la muerte de Mari Luz.




El día diez de marzo la pequeña fue enterrada, en una ceremonia multitudinaria.

El día doce, Juan José, padre de Mari Luz, declaraba que el mejor regalo que le podía dar a sus hijos es que se hiciera justicia a su hermana.

El estudio toxicológico aportado por el Ministerio de Justicia determinaba que cuando arrojaron a la niña al agua, todavía estaba viva, ya que en su médula ósea se habían encontrado algas diatomeas de los géneros navícula, synedra y amphora, que sólo podrían haber llegado allí si la muerte se había producido por sumersión.

Pero los padres de Mari Luz habían encargado una segunda autopsia al profesor Luis Frontela, entonces director del Instituto de Medicina Legal de Sevilla.

En octubre del año 2011, el profesor Frontela se sometía a una entrevista por el diario ABC de Sevilla. Entre otras preguntas, se le hizo la siguiente:

Respecto al Caso Mariluz, hubo dos informes de autopsia muy diferentes. ¿Sabemos realmente las causas de la muerte?

—De este caso no puedo hablar porque prometí a un familiar de la niña secreto total. No puedo hablar salvo que esa persona me autorice a revelar lo que sé o me lo pida el juez.





Estas palabras de Frontela coinciden con las revelaciones que se hicieron en su día sobre la autopsia que practicó al cadáver de Mari Luz:

No habían aparecido diatomeas en el cuerpo de la niña, de lo que se deducía que ya estaba muerta cuando fue arrojada al agua.
Había lesiones en ambas muñecas, lo que indicaba que la niña fue atada en vida y ejerció resistencia o defensa.
Existía una lesión por intento de separación, al menos, de un muslo, lo que probaría una violación o intento de violación.
Se detectaron al menos dos golpes en la cabeza, distintos de los mencionados por los forenses en la primera autopsia.
En la piel de la cabeza había fibras de color negro, introducidas muy profundamente, que indicaban que la niña tuvo colocada una prenda oscura o de color negro en la cabeza, sobre la que se ejerció una gran presión.
Frontela omitía toda referencia a los genitales de la niña por expreso deseo de la abogada de la familia.
La conclusión era que se trataba de un homicidio, no de una muerte por ahogamiento.

Si las conclusiones de Frontela eran correctas, volvíamos a tener una versión oficial que no tenía nada que ver con los hechos reales, como en el caso Alcàsser.

¿Quién había raptado a Mari Luz?

2 comentarios en “Mari Luz Cortés Suárez. (1/3)

  1. Kioscos en muchos casos, a Fredy en la Lid también lo captaron en el kiosko que iba jueves y sábados con 500 pesetas. Muchos saludos Noz.

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