Las desapariciones de Chicago, 1/3




Patricia y Barbara Grimes

Judith Mae Andersen



  • El 16 de octubre de 1955 desaparecieron en Chicago los niños Anton y John Schuessler, de 11 y 13 años de edad y Robert Peterson, de 13.
  • El 28 de diciembre de 1956 desaparecieron Bárbara y Patricia Grimes, de 12 y 15 años de edad.
  • El 16 de agosto de 1957 desapareció Judith Mae Andersen, de 15 años.
  • El 22 de septiembre de 1958 desapareció Bonnie Leigh Scott, de 15 años.


—OOO—



Los cuerpos aparecieron desnudos y ninguno había sido asaltado sexualmente. Según los datos de las autopsias, los habían mantenido con vida un cierto tiempo después de su desaparición.

Los cadáveres mostraban marcas de ligaduras en las muñecas y tobillos. Todos los niños habían sido torturados con pequeños cortes y punciones, ninguno de los cuáles había sido suficiente para causar la muerte. Fallecieron por exanguinación: todos los cuerpos de los niños estaban drenados de sangre. Robert Peterson presentaba, además, un golpe en la cabeza y había sido estrangulado hasta la inconsciencia, probablemente por resistirse.

Las hermanas Grimes había sido punzadas en el torso, muslos y nalgas, mientras que los niños tenían perforaciones en manos, muñecas y pies.

También habían mutilado las bocas y ojos de los niños, de una forma que no se dio a conocer al público.

Los cuatro casos citados tenían dos tristes precedentes no muy lejanos:

  • El 6 de enero de 1946 había sido raptada en su propio domicilio la niña Suzanne Degnan, de seis años. Su cuerpo, desmembrado con la pericia de un carnicero, fue encontrado en el alcantarillado de la ciudad.
  • En la mañana del 18 de diciembre de 1948 había aparecido en una zanja el cadáver de Roberta Rinearson, una niña de diez años. Había sido violada, torturada y asesinada.
—OOO—


EL CASO DE LOS HERMANOS SCHUESSLER Y SU AMIGO PETERSON








Aquel domingo 16 de octubre de 1955, Robert Peterson había estado ayudando a su padre a remodelar el garaje. Alrededor de la una y media se fueron a comer y más tarde estuvieron escuchando juntos en la radio un partido de football americano de los Chicago Cardinals. Sobre las tres y media de la tarde llegaron a su casa sus amigos Anton y John Schuessler. Querían ir a ver una película, y la madre de Robert les ayudó a buscarla en el periódico. Después Robert se despidió de sus padres –Malcolm y Dorothy– y de sus hermanos –Barbara Ann, Susan y Tommy– y se marchó con sus amigos.

Iban al Teatro Loopen el 165 de la Calle North State, a ver un documental de Walt Disney, “El león africano“, que duraba una hora y cuarenta y cinco minutos. La entrada costaba cincuenta centavos. Robert llevaba 1,50 $ y cada uno de los hermanos Schuessler, 1,25 $. Así que tenían suficiente dinero para ver la película y coger el autobús. Unos cuarenta y cinco minutos de trayecto, para una distancia aproximada de 19,5 Km.

Dieron las ocho y los niños no volvían. Después de llamar a todos los amigos, vecinos y familiares, sin éxito, el señor Peterson se acercó con su automóvil al domicilio del señor Schuessler -que no tenía coche ni sabía conducir-, y juntos se fueron a buscarlos. Como llovía mucho, pensaron que quizás se hubieran refugiado en alguna parte. Miraron en todas las hamburgueserías de la Avenida Milwaukee y hasta se acercaron hasta el cine. Ni rastro.

A las diez de la noche la preocupación se convirtió en alarma. Dorothy llamó a la policía para comunicar la desaparición. Y, sobre las once y cuarto de la noche, el señor Peterson se presentó en la comisaría de Policía del distrito 33 de Chicago. El señor Schuessler estaba tan afectado -Peterson  comentó que “parecía que le iba a dar un ataque cardíaco“- que no pudo ir hasta el día siguiente.

Las primeras pesquisas indicaron que los tres niños jamás habían dado problema alguno. Ni a su familia, ni en su colegio -la escuela Farnsworth-, ni en la calle.

Bruno Mancarini, un conductor de autobús -que por lo visto no tenía nada mejor que hacer-, se había fijado en los tres niños y les había oído comentar algo sobre una pista de bolos. Ernest Niewiadomski, un joven de 17 años que los conocía, pareció corroborar los hechos cuando comentó a la policía que se los había encontrado en la bolera Monte-Cristo, en la Avenida Montrose, sobre las siete y media de la tarde.

¿Sería una pista fiable o situaba a los niños en un lugar erróneo?

El martes 18 de octubre de 1955, el señor Peterson se acercó a las oficinas de un periódico local llevando fotos de los tres niños, esperando que su publicación ayudara a encontrarlos, pero era demasiado tarde. Sus cuerpos sin vida aparecieron ese mismo día en una zanja de la Reserva Natural de Robinson Woods, al noroeste de la ciudad. Fueron descubiertos por un tal Victor Livingston, que avisó a la Guardia Forestal. El estado de los cuerpos era tal que alguno de los policías se mareó y el forense recomendó que para realizar las identificaciones de los cadáveres -ya que los cuerpos habían aparecido desnudos- no se recurriera a las familias. 1 “No quiero a los padres aquí. Es demasiado.


1 El forense “político” era Walter E. McCarron, y el forense “médico” era Harry Glos. Tengo mis dudas de que McCarron no dejara ver los cuerpos de los niños a los padres “por piedad”. Por el contrario, sospecho que se pasó la vida obstruyendo cierto tipo de investigaciones. Participó en los tres casos de desapariciones y no resolvió ninguno. Como tampoco resolvió el incendio del colegio católico “Our Lady of the Angelsl”, del 1 de diciembre de 1958, en el que murieron noventa y dos niños y tres monjas. Además, hubo unos cien heridos. Muchos niños en llamas se arrojaron por las ventanas tratando de escapar del humo y el fuego. Por si fuera poco, los bomberos se equivocaron de dirección. ¿La causa del incendio? “Indeterminada”. Pero todo el mundo sabía que había sido intencionado. El Papa envió sus condolencias y eso fue todo. Otras confesiones religiosas habrían armado un escándalo descomunal. Y con razón.




Así que la identificación la realizaron dos vecinos de los niños, la señora Marion Kolk -que se echó a llorar- y el teniente de bomberos O’Donohue, que comentó “Esto tiene que ser la obra de algún loco. Nunca he visto nada igual“.

Las cabezas de los niños estaban cubiertas de sangre seca. Pero… ¿no había llovido torrencialmente esos días?

En la piel de uno de los cuerpos había quedado impreso un dibujo, que se dijo correspondía a la alfombrilla de un automóvil Packard, un vehículo de lujo de la época.




Todo el mundo contaminando la escena del crimen.
Se altera la posición del cadáver en la propia escena del crimen.
Atención a las heridas en la cara interna de ambos muslos.
Posición original de los cuerpos. Atención a las heridas en
el muslo izquierdo del cadáver situado más a la izquierda.


El Chicago Daily News publicó una edición de tarde en la que se detallaba la naturaleza ritual de las heridas y se especulaba con la posibilidad que que se hallara envuelta una secta religiosa. A los diez minutos de que la edición llegara al público, el diario envió camiones a recoger toda la edición, que fue enviada de vuelta a la sede del periódico y quemada

Una mujer, Lyle Clark van Hyning, la editora de “Women’s Choice”, se había hecho con ocho copias de la edición, y envió una de ellas, junto con otros datos que poseía, a Anton Schuessler, padre de dos de los niños asesinados.


Anton Schuessler, con sus dos hijos
Mr. Schuessler en estado de shock tras reconocer los cadáveres de sus dos hijos.


Anton Schuessler, de 43 años, casado con Eleanor Holz, leyó la información que le había enviado la señora van Hyning, y entonces cometió un grave error. Fue a la policía y solicitó que se investigaran los crímenes desde el punto de vista del asesinato ritual. Y declaró a la prensa: “No es la primera vez que pasa esto. ¿Qué me dicen de los otros niños que aparecieron muertos? ¿Cuánto les va a llevar encerrar a esos criminales?” También dijo que no descansaría hasta encontrar a los asesinos.

Aparte de los precedentes ya citados, Schuessler se refería a los asesinatos de Peter Certik -un niño de 14 años que apareció estrangulado el 12 de septiembre cerca de Libertyville, Illinois, al norte de Chicago- y de Peter Gorham, de 12 años, cuyo cuerpo sin vida a causa de un disparo apareció el 14 de agosto, cerca de Muskegon, Michigan. Había desaparecido el 5 de julio de un campamento de Boy Scouts.


Joseph Lohman



Joseph Lohman, el sheriff de Cook County, arrestó de inmediato a Anton y lo encarceló “por ser sospechoso del asesinato de sus propios hijos.”


El comisario Horowitz fue a la casa de Schuessler en busca de evidencias y puso a la señora Eleanor Schuessler y a su familia bajo arresto domiciliario, ante las protestas de los detectives a cargo del caso, James Lynch y James McMahon, que se quejaron de destrucción de evidencias y manipulación y amenazas a los testigos.

Anton Schuessler fue obligado a pasar la prueba del detector de mentiras. Aunque la superó sin problemas, fue enviado de inmediato a una institución mental privada en Des Plaines, Illinois, propiedad de Leon Steinfeld2 A pesar de que se sabía que padecía problemas cardíacos, fue sometido a un electroshock y murió la misma tarde en la que había llegado a la “clínica”, el 11 de noviembre de 1955. 3



2 Un error en una de las fuentes. El nombre real era Julius Isaac Steinfeld, nacido en Alemania en 1895, hijo de Samuel Steinfeld (que entre otras cosas era mohel, es decir, practicaba cincuncisiones rituales) y Caecilie Cahn. J. I. Steinfeld consta como autor de la obra “Therapeutic Studies on Psychotics: A Psychological and Psychosomatic Approach in Four Papers”. Des Plaines, Illinois, 1951. Forest Press, Publishers, [1951]. 1st Edition.

Los cuatro ensayos son: “The Significance of Transference-Countertransference in the Treatment of Psychotics”; Modified Methods of Electroshock Therapy”; “Restricted Use of Male Sex Hormone for Chronic Female Psychotics”; “Further Studies of the Therapeutic Value of Acidosis in the Treatment of Psychotics.”

Como vemos, uno de ellos estaba dedicado a la “terapia” por electroshock.

Los profesores de Steinfeld fueron Kurt Goldstein, August Homburger, Frieda Fromm-Reichmann, Otto Fenichel, Hans Sachs, y Gabriel Steiner. Todo queda en casa.

El hospital psiquiátrico de Steinfeld era el Forest Sanitarium and Rest Home, Des Plaines – Illinois, fundado en 1936.


3 A lo mejor, si se hubiera ido a su casa a llorar a sus hijos…


Julius Isaac Steinfeld
Cementerio de San José, en River Grove



La muerte de Mr. Schuessler en el Pittsburgh Press, 13/11/1955.
El escándalo que ocasionó la muerte de Schuessler hizo necesaria la comparecencia de Steinfeld. Declaró que Schuessler sufría de alucinaciones e ilusiones paranoides y que había fallecido de un ataque cardíaco. Asunto solucionado.

Otro psiquiatra, Thomas McCarron acusó a Steinfeld de charlatán y mentiroso y entregó todos los documentos del caso al Fiscal del Distrito, para que se procesara a Steinfeld por asesinato y perjurio y, además, se lo comentó a la prensa.

McCarron recibió una orden oficial de la fiscalía para que guardara silencio y, por si no había quedado suficientemente claro, una bomba hizo volar la puerta principal de su casa.

Leon Steinfeld abandonó el país con destino a Suiza. Una mañana apareció ahorcado en la habitación de su hotel. Un testigo menos. (Oficialmente, murió en Zürich en 1956.)

Irv Kupcinet 4 estableció un “fondo de solidaridad” y se entregó a la viuda Schuessler un total de 100.000 dólares como compensación.

La señora van Hyning envió toda la documentación del caso al escritor británico Arnold Leese, que iba a publicar un libro sobre el tema. Pero no llegó a hacerlo, ya que falleció repentinamente en la primavera de 1956. Ni la documentación ni el borrador del libro aparecieron entre sus pertenencias.

El triple crimen quedó impune. No se arrestó a nadie -a excepción del infortunado padre de los niños Schuessler- ni se encontró a ningún sospechoso convincente.

Este caso ocasionó cuatro víctimas inocentes, a quienes se arrebató la vida, y dos familias marcadas para siempre, sin que todavía se haya hecho justicia. Ojalá que el pueblo americano jamás lo olvide y algún día actúe en consecuencia.


4 Irv Kupcinet, era un famoso periodista del cotilleo, amigo del alma del judío Sid Korshak, abogado laboralista que se dedicaba a asesorar legalmente a los peces gordos mafiosos, primero de Chicago y luego de Los Angeles, Hollywood y Las Vegas. El FBI lo tenia por el abogado más poderoso del mundo. A saber quién le sugirió a Kupcinet que solicitara dinero para el fondo “de solidaridad”, para lo que hizo un llamamiento desde su periódico, el Chicago Sun-Times.


—OOO—



Treinta y nueve años después de los hechos, se arrestó a Kenneth Hansen, un supuesto paidófilo que trabajaba en un establo de caballos propiedad de un criminal llamado Silas Jayne. Se acusó a Hansen de atraer niños con el pretexto de enseñarles los caballos que cuidaba. Además, también se le imputó el incendio del establo, que había ocurrido un mes después de los asesinatos.

Hansen, que tenía 22 años cuando sucedió el triple crimen, fue declarado culpable en 1995. El veredicto fue anulado, pero se le volvió a inculpar en el año 2002. Nunca pudo confirmarse su coartada de que en la fecha del asesinato estaba con su mujer de luna de miel en Texas.

Hansen murió en septiembre de 2007. Siempre mantuvo que era inocente, desde el primer momento en que fue inculpado hasta el final de sus días. La única prueba que había contra él era la palabra de aquellos que afirmaban que les había confesado ser el asesino de los niños.


—OOO—


Fuentes principales:

Shattered Sense of Innocence: The 1955 Murders of Three Chicago Children (Elmer H. Johnson & Carol Holmes Johnson Series in Criminology)

Three boys missing. (James A. Jack.)



http://www.thebirdman.org/Index/Others/Others-Doc-Jews/+Doc-Jews-Religion-Hatred&Barbarity&Bizarrity/JewishRitualMurder-Chicago55.htm

http://truthinjustice.org/kennethhansen.htm

http://articles.chicagotribune.com/1995-09-13/news/9509130367_1_peterson-home-schuessler-robert-peterson

http://www.angelfire.com/sc/Centner/horse-syndicate31.html

http://www.nytimes.com/2007/09/16/us/16illinois.html?_r=0

http://www.prairieghosts.com/spmurders.html

http://mantenostatehospital.wordpress.com/2009/07/25/just-ordered-this-online/

http://www.fireengineering.com/articles/print/volume-161/issue-12/features/our-lady-of-the-angels-school-fire-50-years-later.html

http://www.olafire.com/home.asp?

http://articles.chicagotribune.com/1985-09-27/sports/8503050846_1_trucking-navy-league-60th-anniversary

http://www.alemannia-judaica.de/images/Images%20280/CEM-AUG-NECROLOGY.htm (entrada 1252)

http://www.findadeath.com/forum/showthread.php?17714-The-Schuessler-Peterson-murders-of-1955

Un comentario en “Las desapariciones de Chicago, 1/3

  1. Qué familiar me suena todo esto que cuentas en la primera parte. Parece que este fenómeno criminal y su encubrimiento no tengan fronteras.

  2. Secuestro de publicaciones, persecución de las víctimas tratadas como culpables por los medios de comunicación oficiales,testigos de dudosa credibilidad a los que la policía y los jueces no se molestan ni en contrastar sus testimonios… todo muy siniestro.

  3. Ahí está el problema, cuando se dan por buenos unos testimonios discordantes y hasta contradictorios entre diferentes testigos e incluso se producen autocontradicciones en diferentes momentos y los responsables no mueven un solo dedo por tratar de clarificarlo. A cualquiera esta situación nos generaría sospechas sobre si lo que nos cuentan es cierto, pero cuando no hay voluntad por buscar la verdad… todo vale

  4. Jeje cuanto apellido judio…

    Y curiosamente igual que en kiev, mas sangre cristiana derramada

Los comentarios están cerrados.