Ana Franco Salguero.





Ana Franco Salguero, nacida el 1 de junio de 1976, desapareció el 6 de diciembre de 1997, a los veintidós años de edad. Tenía una hija, Aroa.

Ana es delgada y morena, mide uno sesenta, y tiene el pelo largo y liso, los ojos grandes y la cara redonda. Cuando desapareció llevaba puesto un pantalón vaquero, una rebeca de color blanco y botas de media caña.

A las 8:30 de la tarde, del 6 de diciembre de 1997, Ana salió de su vivienda en la Plaza Carlos de Arniches, en el Polígono Norte de Sevilla, pidiéndole a Cándida, su madre, que no cerrara la puerta porque volvía pronto, en diez minutos. Estaba jugando con su hija. Se puso la rebeca larga que le dejó su madre, porque estaba lloviendo,y se fue. No regresó. Hasta hoy en día, no se sabe nada de su paradero. 

Abandonó la casa, sin apenas haberse arreglado, sin llevar dinero, ni documentación. Su familia tiene la seguridad de que está viva y está siendo retenida en algún lugar desconocido. Saben que no se hubiera ido por su propio pie, dejando a su hija y su madre.

El 25 de diciembre de 1997, la madre de Ana, Cándida Salguero, denunció la desaparición de su hija en la comisaría de Policía Nacional del Distrito Macarena.




En el año 2000, con 69 años, Cándida,  viuda y madre de siete hijos, no abandonaba su lucha y explicaba: “Si hubiera tenido un mínimo de la ayuda que han tenido otras familias en mi situación, sé que mi hija habría aparecido”.

La pobre mujer está delicada y casi no puede andar, a causa de la artrosis. “Sé que no se fue por propia voluntad porque tenía pasión por su niña. Algo le ha tenido que pasar, porque salió sin dinero y sin documentación alguna.”

Ana había estado saliendo durante más de dos años con un hombre separado, mayor que ella, pero decidió cortar. “Era un hombre muy posesivo, y siempre le estaba haciendo grandes regalos. No la dejaba en paz, e incluso un día la amenazó con una pistola delante de su hija pequeña“, recuerda su madre entre lágrimas. “Si me dejas, te mato”, le dijo.

Meses después, Ana Franco comenzó a salir con otro chico de su edad, pero “violento y muy nervioso”, apunta su madre. “Todos los vecinos aseguran que era muy agresivo y, en más de una ocasión, pegó a mi hija”.

“Me dijo que estuvo con mi hija y que sobre las doce la dejó en el descansillo de casa”. Pero días después el joven indicó diferentes lugares de Sevilla donde había estado con Ana. Sin embargo, cuando fue interrogado por la Policía, volvió a insistir en que aquella noche había dejado a la joven en su casa.

Cándida llegó a pedirle a la Policía que investigara la finca del entonces novio de su hija, que fue la última persona que la vio con vida, y a dónde la llevaba algunas tardes de viernes y fines de semana completos. Pero la Policía Nacional hasta el momento ha descartado hacerlo, a pesar de las posibles contradicciones en su declaración sobre su despedida con Ana.




Cándida ha recorrido cientos de kilómetros tras la pista de su hija, llegando a buscarla en Alicante, Barcelona, Badajoz e incluso, en el País Vasco. En el año 2000, recibió dos llamadas en las que un desconocido le decía que había muerto y que se encontraba en un pozo de Utrera. La Policía tardó años en comprobarlo. En el momento de su desaparición, se sospechó de dos de los hombres con los que había mantenido una relación. Uno de ellos, fue la última persona que vio a Ana antes de su desaparición. “Mientras tenga un soplo de vida seguiré tratando de encontrarla”, declara. 






Cándida ha tenido que ejercer de madre de su nieta Aroa. “Ha sido un calvario para ella, porque todos los días me preguntaba por su madre, y yo le decía que estaba trabajando fuera”. “Si no hubiera sido por mi nieta, no habría aguantado”, asegura.

Según Cándida, el caso continúa abierto, aunque critica que la Policía lleva meses “sin mover un papel y sin responderle al teléfono” y asegura que aunque hay “suficientes pistas” que conducen a la implicación de las ex parejas de su hija, “no hacen nada”.

Sin embargo, ella no se rinde. Feriante de toda la vida, ha trabajado y vivido para sus hijos. Cándida demanda desesperadamente ayuda. “Sé que me quedan pocos años, pero mientras tenga fuerzas lucharé por encontrarla. Sólo pido que me escuchen y que no se olviden de ella”.





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