David Badía Burillo.




El jueves 23 de abril de 1987 desapareció el niño de cuatro años David Badía Burillo, mientras estaba jugando cerca de su casa, en el barrio de Casetas de Zaragoza. Le acompañaba su hermano de seis años y otros amigos. Según una de las amiguitas de David, una niña de cinco años, mientras jugaban llegó un hombre muy alto y los invitó a subir al coche. Los llevó a las afueras y allí todos los niños salieron del vehículo, excepto David, que se quedó porque el hombre iba a llevarle a una pastelería para comprarle un pastel, repitiendo varias veces que tenía que irse a Utebo, localidad situada entre el barrio de Casetas y Zaragoza.

David era un niño rubio y de ojos azules. En el momento de desaparecer llevaba unos vaqueros cortos y un jersey amarillo con rayas azules. Su padre, Javier Badía, trabajaba en la fábrica de la General Motors de Figueruela. Tras dar parte de la desaparición a la Guardia Civil, comenzó a buscar a su hijo con la ayuda de sus vecinos.

Se rastreó el barrio, los alrededores y otros pueblos y barrios próximos. Una avioneta tomó fotos del área. La Policía Municipal, Guardia Civil, Cruz Roja, voluntarios civiles y perros especializados participaron en las labores de búsqueda, sin resultado.

La hipótesis que se barajó en un principio fue la de un rapto por parte de algún matrimonio sin hijos. La del secuestro para solicitar un rescate no parecía sólida, dada la situación económica de la familia. Al parecer no se consideraron motivos de índole sexual, tráfico de órganos, redes de pederastia, etc. porque, como todo el mundo sabe, ese tipo de delitos se dan en todo el mundo excepto en España.

El miércoles 27 de mayo, más de un mes después, apareció el cadáver del niño, en el interior de una acequia situada en un campo de trigo del barrio rural de Monzalbarba. Un agricultor de Utebo, Arturo Longas Díez, fue el que encontró el cuerpo, que se encontraba en avanzado estado de descomposición.

El médico forense y el juez de instrucción que realizaron el levantamiento del cadáver coincidieron en afirmar que el niño había fallecido el mismo día de su desaparición. Faltaría más. Con esto, según la prensa, quedaba descartado el secuestro. Sería que la niña que contó lo sucedido había mentido -al fin y al cabo sólo tenía cinco años y no se la podía tomar en serio- y David, con tan sólo cuatro añitos, se había dado un paseo de 7 km. para después caerse en una acequia. Un accidente desafortunado, pero son cosas que pasan.

Pero si el propietario del campo de trigo afirmó que lo había regado dos días antes y no había descubierto ninguna anomalía ¿cómo es posible que David llevara allí muerto más de un mes?

Y aquí finaliza la historia de David. La prensa no se ha hecho eco de más investigaciones, búsqueda de sospechosos o resultado más pormenorizado de la autopsia. Es otro de los niños olvidados en la larga lista de desapariciones con final trágico y ninguna explicación convincente. Otro niño olvidado más, que forma parte del terrible tributo arrancado año tras año al pueblo español. Terminar con este estado de cosas es algo que nos corresponde a todos si queremos seguir siendo seres humanos.


3 comentarios en “David Badía Burillo.

  1. “El miércoles 27 de mayo, más de un mes después, apareció el cadáver del niño, en el interior de una acequia…”

    El 29 de mayo varios submarinistas de la Guardia Civil estaban buscando, en ese mismo río Ebro, al niño José Luis Caballero Pérez, también de cuatro años, que había desaparecido el día anterior.

    Descartada la hipótesis del secuestro por la condición humilde de la familia el alcalde reconoció la posibilidad de que el niño “hubiese llegado a la carretera y allí se lo hubiera llevado algún conductor, pero (…) lo más probable es que el niño cayera a la acequia y las aguas lo arrastraran al rio”.

  2. Parece que hay épocas o días muy concretos en que los niños de cuatro años sienten una necesidad irrefrenable de darse un paseo hasta la acequia más próxima.

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