Frank G. Slaughter.




Frank Gill Slaughter nació en Washington el 25 de febrero de 1908 y se educó en una finca y plantación de tabaco cercana a Oxford, en Carolina del Norte. Sus padres eran Stephen Lucious Slaughter y Sarah “Sallie” Nicholson Gill. En 1930 Slaughter se doctoró en el “John Hopkins”, una universidad privada de Baltimore (Maryland). Durante cuatro años trabajó como interno en el Hospital Jefferson de Roanoke, en Virginia, y después se trasladó a Jacksonville, también en Virginia, trabajando en el hospital de Riverside de 1934 a 1942.

Más tarde participó en la segunda guerra mundial, ingresando con el grado de comandante en la Armada, siendo cirujano jefe del Campo Kilmer.

En 1935 había comenzado a escribir como pasatiempo cuando ejercía en el Riverside, utilizando una máquina de escribir de 60 dólares que amortizó a razón de 5 dólares mensuales. Tuvo que rehacer seis veces su primera novela “Nadie debería morir” -una historia semi-biográfica de un joven doctor- antes de que la editorial Doubleday finalmente la aceptara. La novela describe el imparable deterioro de la profesión médica, como resultado de la acción de las mafias y clanes, dónde sólo importa el beneficio personal, el médico se transforma en funcionario y los puestos de mayor responsabilidad caen en manos de inútiles y corruptos, a quienes no importa lo más mínimo jugar con la vida de los pacientes.

Con el tiempo, Slaughter decidió retirarse de la práctica médica para dedicarse exclusivamente a la literatura, escribiendo novelas de temas relacionados con la medicina y la historia, llegando a vender más de sesenta millones de ejemplares. Asimismo, varias de sus novelas se convirtieron en películas, como Sangaree, que protagonizaría Fernando Lamas, o Doctor’s Wives, en la que participaron  Dyan Cannon y Gene Hackman.

¿Por qué dedico un post a Slaughter? ¿Qué tiene que ver con la temática del blog?

El crimen de Alcásser fue el principal motivo por el que lo abrí. Y la fascinación que produce en los ya iniciados se basa en varios factores. Entre otros, lo terrorífico del caso, su repercusión mediática, el que hubiera varias víctimas y que fueran casi unas niñas, las dudas sobre la autoría del crimen, las supuestas implicaciones de un clan de intocables y el que se practicaran dos autopsias, la segunda de las cuales arrojaba serias dudas sobre las conclusiones de la primera.

Este último factor es el que me ha decidido a escribir este artículo. Y, sobre todo, que con ocasión de la celebración de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión en La Coruña, la nostalgia me ha llevado a adquirir tres tomos de la obra de Slaughter, que contienen catorce de sus mejores novelas. La primera de todas resultó ser “Nadie debería morir“, que leí cuando era niño y me hizo enamorarme de la medicina para siempre.




Además, creo conveniente variar de cuando en cuando la temática del blog. Sinceramente, puede llegar a deprimir el encadenar, uno tras otro, todos los terribles crímenes cometidos contra niños y adolescentes, 1 que se encuentran sin resolver o se han resuelto de mala manera, y que han plagado nuestro país durante décadas, muchos de los cuales están semiescondidos en las páginas de la prensa o no tenemos constancia alguna de su existencia.


1 En mi base de datos actualmente figuran 137 víctimas y 88 desapariciones.


Mi pasión por la medicina resultó ser uno de los factores que me hicieron acercarme al caso Alcásser con un punto de vista crítico, puesto que de los resultados de las dos autopsias surgía la evidencia clara de que la versión oficial que se ofreció a la ciudadanía no se sostenía científicamente de ninguna de las maneras.

Dos autopsias que quizás puedan derrumbar el mito Anglés y quizás, algún día, un régimen corrompido hasta la médula desde el mismo momento de su concepción.

Frank nos dejó el 17 de mayo de 2001. El propósito de este blog es intentar contribuir a poner de manifiesto la mentira de Alcàsser y todos los demás casos relacionados. Si algo he podido conseguir, se lo debo en parte a Frank G. Slaughter.