Alcàsser. Puenteando a Fernando García.

Fernando Garcia MDAF 130a3

A Fernando García Mediano había cosas que no le cuadraban. Frontela ya había hecho las segundas autopsias y Fernando no sabía todavía cuáles habían sido sus conclusiones, pero estaba claro que había algo raro. La prensa estaba filtrando datos sobre lesiones aparecidas en los cuerpos de las niñas que Fernando no se creía que hubieran podido realizar dos camellos del tres al cuarto como Antonio Anglés y Miguel Ricart.

Decidió ir a ver a su abogado, Luis Miguel Romero Villafranca, el decano de los abogados valencianos que tan amablemente se había ofrecido a representarlo. Fernando le preguntó si sabía algo del informe de las autopsias del profesor Frontela. Romero pareció incómodo e intentó quitarle importancia a las conclusiones del forense sevillano. Pero Fernando no podía olvidar lo que le había dicho un miembro de la U.C.O.: “Solicita otro forense. Hay gato encerrado. Te lo digo como padre.”

Fernando se dio cuenta de que Romero Villafranca tenía un problema con Frontela: o no simpatizaba con él o bien le resultaban molestos sus hallazgos. Así que, dos semanas después del entierro de las niñas, Fernando se fue a Sevilla para hablar con el forense Luis Frontela Carreras. Ya que Romero Villafranca no quería colaborar, tendría que enterarse de primera mano. Tenía que saber qué le habían hecho a las niñas.

Frontela se quejó a Fernando. No había manera de ponerse en contacto con Romero Villafranca. Por más que le llamaba y le pedía que se ocupara de gestionar la realización de determinados análisis criminalísticos, el abogado le ignoraba. Frontela le decía que le iba a enviar un fax y Romero Villafranca apagaba el fax. Fernando se volvió para Valencia y se fue a ver a Romero Villafranca… “Que Frontela me dice que le pide cosas y usted no le hace ni caso… y que hay más personas involucradas, además de Anglés y Ricart.” Romero Villafranca le reconoció que podía haber una tercera persona. Fernando contestó que había más, que según Frontela había pelos de hasta siete personas.

El análisis de los pelos iba a traer un nuevo enfrentamiento. Fernando ya estaba con la mosca detrás de la oreja en cuanto a su abogado, y ahora le tocaba hablar con el juez, porque Romero Villafranca le había dicho que éste no quería abrir más diligencias.

Fernando se fue a ver al juez de Alzira, José Miguel Bort Ruiz, que se negó a recibirlo. Fernando se lo tomó con calma. “Pues aquí me quedo hasta que me reciba“, le dijo a la secretaria. Y se sentó, dispuesto a aguardar lo que hiciera falta.

Al final Bort no pudo soportar la tensión de tener a Fernando García en la sala de espera y le hizo pasar. Fernando tenía que subir el segundo escalón o, si se quiere, atravesar la segunda línea de defensa del Sistema. El primero había sido Romero Villafranca. Ahora le tocaba el turno al juez. “Mi abogado me dice que le ha solicitado que se realicen unas pruebas forenses para enviárselas al profesor Frontela y que no hay forma de que se hagan“. Bort empezó a poner excusas y Fernando le cortó: “No quiero excusas, quiero resultados.” Entonces Bort cometió un grave error, tiró de galones y le dijo a Fernando: “Pues… ¿sabe qué le digo? Que aquí mando yo y hago lo que me sale de los cojones“. Entonces Fernando, sin alterarse lo más mínimo le contestó: “Bien, pues voy a convocar una rueda de prensa y voy a decir que en este juzgado se hace lo que le sale a usted de los cojones“.

Bort se puso lívido. Rogó a Fernando que no hiciera eso, que se ocuparía de tomar medidas.

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Bort y Cualladó, muy sonrientes a pie de fosa.

Ya lo creo que las tomó… las de Villadiego. El juez pidió el traslado, alegando depresión, y fue enviado a Palma de Mallorca. ¿Y quién lo sustituyó? Su recambio no fue designado por sorteo, sino por un procedimiento de alta tecnología. Tecnología digital. Primero fue Alicia Valverde Sancho, la juez que había autorizado el registro en casa de los Anglés el día del salto del hombre araña, y luego Ángeles Fons Cualladó, la divertida secretaria del juzgado nº 6 de Alzira, la que había redactado el acta del levantamiento de los cadáveres en La Romana, ambas por designación indiciaria. (Realizada con el dedo índice, no porque hubiera ningun tipo de indicios).

Cuando Fernando abría una puerta, se le cerraba otra. A menudo, una de las que había conseguido abrir. Romero Villafranca le cerró el sumario tres veces porque, según él, todo estaba muy claro. La primera vez, Fernando García estaba en Barcelona y volvió a toda prisa a Valencia para pedirle explicaciones. Al final, se reabrió el sumario… Con el tiempo, Fernando cambiaría varias veces de abogado porque ninguno tenía la iniciativa que necesitaba el caso… o no quería tenerla.

La cosa ya había empezado mal desde los primeros compases del caso, lo que Fernando advirtió al observar que los supuestos encargados de la investigación se dedicaban a jugar a los marcianitos, como alguno que otro de nuestros abnegados parlamentarios, que se dejan la vida por el pueblo. Fue más tarde cuando se reveló la triste verdad: lo que pasaba es que, desde el principio, los investigadores sabían que estaban buscando cadáveres. Aunque no dijeron cómo habían llegado a esa brillante conclusión.

Después había venido lo del papelito a pie de fosa, sobreviviendo a los vientos. Más tarde, la interrupción misteriosa de las fotografías en el levantamiento, y el traslado de los féretros al cuartel de Llombai, en lugar de remitirlos directamente al Instituto Anatómico Forense. Alguien que al parecer sabía de lo que hablaba, le dijo a Fernando que el acta del levantamiento oficial no era la que se había escrito a pie de fosa, sino que se había reescrito más tarde y se notaba.

Fernando estaba empezando a ponerse paranoico. Y con razón. Porque los hechos hablaban por si mismos. “Entre el Fiscal General de Valencia, mi abogado -decano por aquel entonces del Colegio de Abogados de Valencia- y el Director del Instituto Anatómico Forense… entre ellos lo cogieron todo para que no se les fuera nada de las manos”. Y es que, aunque todavía no era plenamente consciente de ello, Fernando García tenía enemigos por todas partes. Por todas.

Los Khazars.


BOE 312. Viernes, 30/12/1994. 39337
28898. Real Decreto 2357/1994, de 2 de diciembre, por el que se nombran Magistrados a los Jueces a quienes corresponde la promoción por el turno de antigüedad.
De conformidad con lo establecido en los artículos 131.3, 311, 316.2, 326, 329.1 y 334 de la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial, en los Acuerdos de Pleno de este Consejo General de 7 de marzo de 1990 y de 12 de febrero de 1992; mediante Acuerdo de la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial en su reunión de 29 de noviembre de 1994,
DISPONGO:
Uno.- Se promueve a la categoría de Magistrado a don José Miguel Bort Ruiz, Juez con destino en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 6 de Alzira, el cual pasará a desempeñar la plaza de Juez de Primera Instancia número 13 de Palma de Mallorca…

BOE 26. Jueves, 30/01/1997. 2946
1707. Orden del 21 de enero de 1997 por la que se declara en la situación administratriva de excedencia voluntaria en la Carrera Judicial a Dª Alicia Valverde Sancho.
De conformidad con lo dispuesto en los artículos 131.3 y 357.1 de la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial, y artículo 205 del Reglamento 1/1995, de 7 de junio, de la Carrera Judicial, por Acuerdo de la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial en su reunión del día 21 de enero de 1997, se declara en la situación administrativa de excedencia voluntaria en la Carrera Judicial a Dª Alicia Valverde Sancho, Juez, titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 6 de Alzira (Valencia), mientras permanezca en situación de servicio activo en la Carrera Fiscal.
Madrid, 21 de enero de 1997.- El Presidente del Consejo General del Poder Judicial.
Delgado Barrio.

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Fuentes:

  1. ¿Qué pasó en Alcácer? Juan Ignacio Blanco Durán. Son Expresión S.L., 1998.
  2. El asesinato de las niñas de Alcácer. Magdalena del Amo-Freixedo. Bell  Book, 1998.
  3. https://www.boe.es/boe/dias/1999/09/28/pdfs/A34449-34450.pdf
  4. https://www.boe.es/boe/dias/1994/12/30/pdfs/A39337-39337.pdf
  5. https://www.boe.es/boe/dias/1997/01/30/pdfs/A02946-02946.pdf