Manuel Torres Rodríguez. El niño de Avilés.

Manuel Torres 04

El miércoles 18 de abril de 1917, tres niños estaban jugando en la plaza de la Iglesia de la Magdalena, en Avilés. Se llamaban Manuel Torres Rodríguez, Ángel Ovies y Agustín García Sánchez. Entonces se les acercó un desconocido, un hombre muy alto, con una pequeña cicatriz en la cara, vestido con una chaqueta de color café y calzando alpargatas rojas. Les preguntó por la “casa blanca”, que resultó ser una fábrica de productos lácteos, la “Suiza Española”. Si le ayudaban, les daría unas monedas. Manolín, que por aquél entonces tenía ocho años, se ofreció a mostrarle dónde se encontraba la fábrica, ya que en ella trabajaba su padre, y se fue con él.

Dan las doce de la noche y en casa de Manolín están desesperados ante su ausencia. José Torres, el padre del pequeño, se decide a presentarse en el cuartel de la guardia civil para denunciar la desaparición de su hijo. La búsqueda comienza de inmediato y se empiezan a recibir declaraciones de varios vecinos que afirman haber visto al niño con un desconocido en dirección a La Ceba. Un niño de El Carbayedo, José Rodríguez “El Carolo”, aseguró que un desconocido con cicatrices en la cara le había intentado aplicar un pañuelo de olor extraño a la nariz cuando lo estaba ayudando a llevar ropa hacia La Magdalena. Otros tres niños de Buenavista, Jesús González, Fermín Pérez Fernández y Belarmino Reguerón, cabreros de La Grandiella, también se habían negado a acompañarle.

Finalmente, el niño apareció a primera hora de la mañana siguiente. Varias vecinas lo encontraron en las inmediaciones de la Peña de San Lázaro, en la vertiente norte del Monte de la Arabuya, entre varios peñascos, boca abajo y bañado en sangre. Pero en el interior de su cuerpo no quedaba ni una gota.

El resultado de la autopsia del pequeño no dejaba lugar a dudas.

“… En el cuello, lado izquierdo, región esterno-cleido-mastoidea, presenta una herida punzo-cortante, muy profunda, de aproximadamente tres centímetros de extensión, transversal al eje del cuerpo. A sólo cinco centímetros, aparece otra herida similar pero tan profunda, que el tejido adiposo y músculo esterno-cleido-mastoideo, así como las vértebras cervicales y todo el paquete arterio-yugular aparecen seccionados. Extraído el corazón, se observa la total ausencia de sangre en aurículas y ventrículos, de la misma forma que se observa también la misma circunstancia en las venas y arterias del cuello, de todo ello se deduce una muerte por hemorragia que debió de provocar el óbito en breve espacio de tiempo.

Añadimos también, que la herida más profunda del cuello, presenta unas marcas en sus bordes que hacen pensar además de en un arma inciso-cortante, en la existencia de algún tipo de esfuerzo más o menos grande y mecánico de absorción, dada la dimensión, profundidad y limpieza del agujero existente en esa zona…”

La investigación se cierra en torno a un forastero, Ramón Cuervo, de 26 años de edad, llegado recientemente de Cuba, aunque natural de Santa Cruz de Llanera (Asturias). Todos los testigos lo reconocen como el acompañante del pequeño Manolín y el farmacéutico del pueblo declara haberle vendido un frasco de cloroformo la mañana anterior al día de los hechos. Cuervo es detenido el sábado día 21 y la guardia civil tiene que evitar que los vecinos lo linchen. El sospechoso niega en todo momento su participación en el crimen.

Ramón Cuervo, también conocido como “Ramón de Paulo“, había emigrado a Cuba. En 1914 había enfermado de tuberculosis pulmonar, que se le diagnosticó cuando trabajaba en una papelera de Sagua La Grande. Llegó a caballo a Avilés el 18 de abril y se alojó en el bodegón de Pablo Alonso, Casa de Pachón, en Llano Ponte.

El juez instructor, Eduardo Prada Vaquero, toma una decisión insólita: las heces del reo serían analizadas en busca de sangre humana. Y la tierra no se abrió bajo sus pies. Acaso el juez pensaba que la sangre podía pasar a través del tubo digestivo del acusado sin ser digerida. Los Masai, por ejemplo, se alimentan de carne, leche y sangre del ganado. Sea como fuere, las pruebas dieron el siguiente resultado:

“… Se observan en las muestras dos porciones de distinto aspecto, dando positiva una de ellas en el test de Weber (prueba diagnóstica para detectar la presencia de sangre en las heces) con una fuerte reacción y no encontrándose en el reo causa física u orgánica que pueda haberla provocado..”

Por el motivo que fuera, a Ramón Cuervo, que llevaba varios días negando su culpabilidad, le entró de repente un gran deseo de confesar. Se derrumbó el martes 24 y llamó al juez de guardia para declararse culpable, haciendo la siguiente confesión:

“… Ignoro cuántas fueron las puñaladas que di a aquel muchacho, y si cuando me retiré después de succionarle su sangre quedaba aún con vida. En aquél día no sé lo que me pasaba, todo fue muy rápido. Hecha la punción, absorbí la sangre del niño, pero solo una bocanada, sin manchar mis manos, ni mis ropas, limpié la navaja contra las hierbas. Sentí nauseas, me levanté y nada más…”

“… En 1914, trabajaba en una papelería en Sagua la Grande (Cuba) cuando comencé a encontrarme mal. Me diagnosticaron tuberculosis y sabía que iba a morir. Había oído hablar de brujos negros, que todo lo saben, y fue uno de ellos llamado «El negro Francisco», quién me indicó lo que debía hacer para sanar de mi enfermedad, bebiendo la sangre de un jovenzuelo pronto estaría curado…”

Por acuerdo unánime de la Corporación de Avilés, se propuso al Consejo de Ministros que distinguiera como mejor considerara al juez de instrucción del partido judicial, el citado Eduardo Prada Vázquez, al objeto de premiar las diligencias por él practicadas, que habían llevado al esclarecimiento, detención y confesión del culpable.

El final de esta historia está sumido en la niebla. Se rumorea que cuando la guardia civil lo trasladaba a Oviedo para la ejecución de su sentencia -cuyo contenido se desconoce-, Cuervo se lanzó del carro que lo transportaba y desapareció en la espesura. Nunca más se le volvió a ver.

Manuel Cuervo 01
Una cura de la tuberculosis mediante ingesta de sangre humana… De la sangre de un niño… ¿De toda la sangre de un niño?

¿Qué porcentaje de seres humanos estarían dispuestos a escapar de la muerte de semejante forma? No parece muy normal que nadie con un mínimo de humanidad esté dispuesto a hacer algo tan terrible.

Salvo que todo sea mentira, excepto la muerte del pequeño Manolín.

Cenefa Separadora

Fuentes:

  1. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1917/04/21/016.html
  2. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1917/04/24/005.html
  3. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1917/04/24/015.html
  4. http://www.abc.es/abcfoto/revelado/20150619/abci-crimenes-ninos-infanticidios-201506182017.html
  5. http://www.elcomercio.es/v/20120415/aviles/sacamantecas-aviles-20120415.html
  6. http://leyendasyfabulas.com/ramon-cuervo-el-vampiro-de-aviles/
  7. http://www.grupoalpha.org/index.php/expedientes-alpha/164-el-ultimo-sacamantecas
  8. http://www.lne.es/aviles/2011/01/31/comarca-expediente-x/1026993.html
  9. http://web.psoe.es/aviles/news/177733/page/aviles-ano-1917-cuando-calle-la-camara-paso-denominarse-calle-jose-manuel-pedregal.html