Andrei Yushchinsky. Las autopsias.

Kosorotov

El blog de las sombras, siempre en pos de la noticia, ha enviado a Kiev a nuestra corresponsal Trudy Schnacken para informar a nuestros lectores de las últimas noticias sobre el caso Yushchinsky. En esta ocasión, Trudy se entrevista con el Profesor Kosorotov, uno de los médicos forenses que declararon en el juicio por el asesinato de Andrei Yushchinsky.

Trudy Schnacken.
Kiev.

Universidad de Petrogrado, fue el primero en declarar ante el tribunal en lo relativo a la trascendencia de las manchas de barro y sangre que había en las ropas de Andrei. El hecho de que ambos tipos de manchas se hubieran mezclado quería decir que Andrei había sido asesinado en un lugar en donde había barro. Las manchas de barro no podían haberse producido con posterioridad al crimen, porque en ese caso no se habrían mezclado con la sangre, que se coagula rápidamente. Este hecho descartaba varios escenarios del crimen y apuntaba a otros. Por otra parte,El doctor D.P. Kosorotov, profesor de medicina forense de la Academia Médica Militar de la en relación a la muerte de uno de los testigos, Zhenya Cheberyakov, Kosorotov afirmó que era posible que se hubiera envenenado su comida con bacilos de disentería.

Karpinsky y Obolonsky fueron los forenses que realizaron la primera y la segunda autopsia, respectivamente, de los restos mortales de Andrei Yushchinsky. Como veremos enseguida, esta crónica se podía haber titulado perfectamente “Verdunsky y Frontelonsky.”

Según Georgy Zamyslovsky, acusador civil del caso Yushchinsky, la primera autopsia -de la que se ocupó Karpinsky, el forense policial- fue realizada “… de modo superficial, descuidado e irreflexivo; lo que ha sido reconocido por el acusador público, por el privado y, aparentemente, incluso por la defensa, ya que no citó al doctor Karpinsky ante el Tribunal…”

Al realizar la segunda autopsia, el profesor Obolonsky encontró el corazón exsanguinado y advirtió la inexistencia casi total de livideces cadavéricas. Durante la primera autopsia, realizada por Karpinsky, habían sido extirpados el orificio anal y el área circundante; la mayor parte del hígado; la vejiga urinaria y el cerebro.

Nos hubiera gustado entrevistar al profesor Obolonsky. Lamentablemente nos es imposible, porque falleció antes de poder presentar declaración en el juicio. Afortunadamente, contamos con la colaboración de su colega, el profesor Kosorotov.

Trudy: ¡Buenos días, profesor! Hay una serie de afirmaciones que se han realizado durante el juicio que no consigo entender.

Kosorotov: Buenos días, joven. Usted dirá…

Trudy: Observo que el profesor Pavlov parece apreciar que no se puede determinar nada con precisión en lo relativo a la muerte de Andrei. No se sabe si sus heridas fueron realizadas cuando estaba con vida, cuáles eran mortales y cuáles no, en qué orden se realizaron, cuándo perdió la consciencia, cuánto tardó en morir, cuántas personas actuaron, si sufrió, si fue exsanguinado, cuánta sangre perdió, si el crimen fue premeditado o no… Me parece sorprendente que un experto no pueda concretar nada, o casi nada, y todo sea incertidumbre y azar.

Kosorotov: El Dr. Pavlov es cirujano y cree que los cirujanos tratan con personas vivas, mientras que nosotros, los médicos forenses, sólo nos ocupamos de los cadáveres. Está completamente equivocado. Podemos llegar a realizar 20 ó 30 autopsias al año, pero observamos muchas más heridas y lesiones, unos 200 ó 300 casos cada año. No tiene claro cómo establecer el momento de la muerte por su pobre conocimiento de la medicina forense, cuando existen textos legales que tratan sobre la forma de diferenciar las lesiones vitales de las producidas postmortem.

Las heridas producidas en el corazón de Andrei eran mortales desde el punto de vista legal. Después de ser amordazado, tapándole boca y nariz, Andrei debió perder la consciencia en unos dos minutos, permaneciendo con vida unos quince minutos, como mínimo. Hubo varios asesinos, y esto es algo en lo que todos los expertos estamos de acuerdo. El niño tenía unas cincuenta heridas y, hasta perder el conocimiento, debió haber sufrido terribles dolores.

En cuanto a la exsanguinación, una palabra que parece asustar a los cirujanos presentes en el caso, implica una pérdida de sangre incompatible con la vida. En modo alguno es un concepto vago o impreciso. No habiendo livideces cadavéricas, y estando el corazón exangüe, cuando la sangre debería haber ocupado el pericardio tras ser extirpado aquél, podemos afirmar sin lugar a dudas que se había perdido una gran cantidad de sangre, probablemente la mitad del volumen sanguíneo o quizás más.

Trudy: ¿Y cuál fue la causa de la pérdida de sangre, profesor?

Andrei 03

Kosorotov: Había trece heridas en la sien izquierda, varias de las cuales lesionaron la arteria temporal, pero las que causaron la mayor pérdida de sangre fueron las realizadas en el cuello. El arma que se utilizó fue un punzón cuyo extremo distal había sido cortado y afilado en forma de cincel. En cuanto a la existencia de un posible plan por parte de los asesinos, los cirujanos afirman que no existía tal plan. Sin embargo, he de destacar que hay un agrupamiento de heridas en los vasos del cuello, en el pecho, cerca del corazón, en la espalda y en la sien. De los ocho golpes asestados en la zona cardíaca, cuatro lesionaron el corazón. De modo que no puedo admitir que no hubiera ningún plan. Y también quiero destacar que entre las primeras heridas y éstas últimas, inferidas en los últimos instantes de vida, hubo un momento en que los asesinos dejaron de herir. Hay dos grupos de heridas separados por un gran intervalo de tiempo. La sangre corría y no se hicieron más heridas. ¿Qué estaban haciendo en esos momentos? ¿Ver cómo fluía la sangre? ¿Disfrutar de su crimen? Es algo que no sabemos. Pero hubo un plan que, probablemente, tenía varios propósitos. Las últimas heridas se hicieron cuando el niño agonizaba, cuando ya estaba cerca de la muerte. La naturaleza, número y localización de las heridas permiten concluir que los asesinos pretendían atormentar y exsanguinar al niño.

Trudy: Muchas gracias por su tiempo, profesor.

Kosorotov: Encantado de haber podido atenderla y espero haber resuelto sus dudas.

Cenefa Separadora

Fuentes:

The murder of Andrei Yushchinsky. G. G. Zamyslovsky. Chapter 2.2. The expert opinion of Professors Kosorotov and Tufanov. Chapter 2.4. The Objections of Professor Kosorotov.