Ritual en Endingen.

Burgo 02

En la Pascua del año 1470 se vino abajo el osario de la iglesia parroquial de San Pedro de Endingen y tuvo que ser demolido. Al recoger los huesos para volver a ser enterrados, los operarios encontraron los restos de un hombre, una mujer y dos cuerpecitos sin cabeza. Alguien recordó que ocho años atrás, en 1462, muchos judíos se habían congregado en la casa de Elías para celebrar la Pascua, y habían acogido a una familia de pordioseros. Sospechas de asesinato se cernieron sobre los judíos de Endingen. Según la tradición oral, el Burgomaestre y el consejo de Endingen escribieron a Archiduque Segismundo de Innsbruck, heredero de las tierras de los Habsburgo en el Alto Rhin, que encomendó la investigación al gobernador Karl, margrave de Baden. Karl ordenó que se arrestara a los judíos de Endingen.

El 24 de marzo, los magistrados arrestaron a Elías de Endingen y a sus hermanos Eberlin y Mercklin. Así comenzó el tristemente célebre juicio del crimen ritual de Endingen, que concluyó con la ejecución de los tres hermanos y la expulsión de las demás familias judías.

Según el sumario, conservado en el archivo de la ciudad de Freiburg, las confesiones se produjeron del siguiente modo:

El sábado anterior al domingo de Pascua (24 de marzo) del año de Nuestro Señor de 1470, Elías, un judío de Endingen, fue arrestado e interrogado acerca de lo que sabía del asesinato cometido en Endigen años atrás por los judíos, “porque es bien sabido que nadie más que los judíos podían haberlo cometido.” En primer lugar debía contestar si sabía que años atrás unos pordioseros habían utilizado su cobertizo de esquilar para alojarse. A lo que Elías contestó, sin ser sometido a tortura, que tiempo atrás, puede que unos ocho años, unos pordioseros estaban descansando en su camino, buscando donde alojarse. Se trataba de un hombre, una mujer, dos niños y un potro. Entonces su mujer, Serlin, los invitó a guarecerse en el cobertizo, en donde había paja más que suficiente para sus lechos. Entonces aquella pobre gente entró en la cabaña con sus dos hijos. Después se preguntó a Elías que quién los había asesinado y quién más estaba presente. A lo que contestó que el crimen fue cometido aquella misma noche en el cobertizo, por los judíos Mennlin, Mercklin, Leoman, Hesman el joven, Matthew y otro judío vagabundo. Lo hicieron entre todos y aquella misma noche sacaron los cuatro cadáveres por la puerta de atrás del cobertizo hacia el camino, pasando junto a la casa de Cunlin Bender, en dirección al osario.

Cobertizo De Esquilar 02

Luego preguntaron a Elías si estaba en el cobertizo en ese momento y qué había hecho. A lo que contestó que no estaba presente, pero observaba junto a la casa. Los otros le dijeron que esperara allí y siguió sus órdenes; no obstante fue al cobertizo a ver lo que le estaban haciendo a los mendigos, y a través de un agujero de la puerta vio como cada uno se ocupaba de dar muerte a uno de los pordioseros con una hoz y luego los sacaban por la puerta de atrás para llevarlos al osario. También dijo que su hermano Eberlin estaba esperando en el camino, cerca del puente. Elías dijo que los otros pusieron la sangre de los niños en un vaso y dejaron las cabezas en su habitación.

Botella De Sangre 02

Elías confesó a los magistrados que Mennlin y Hesman trataron de sobornarle para que no hablara, pero no aceptó. Entonces le amenazaron de muerte y le advirtieron que no hablara con el consejo judío de ancianos; si los denunciaba lo implicarían a él también. Después, Mercklin entregó dinero a Serlin, su mujer, para comprar su silencio. Elías descubrió que que los cuerpos habían sido enterrados en el osario del cementerio cristiano; si los encontraban se sospecharía de los cristianos y no de los judíos. Para encubrir el crimen, los asesinos se pudieron de acuerdo en declarar que habían estado rezando, en el caso de que alguien hubiera escuchado los gritos de los infelices mendigos. Al fin y al cabo, se estaba celebrando la Fiesta de los Tabernáculos. Más tarde, Mennlin dijo a Elías que habían vendido la sangre a un tal Leo, un rico judío de Pforzheim, y que el vagabundo judío se había ido a lomos del potro. Cuando se le preguntó por las cabezas de los padres, Elías dijo que sólo había visto las de los pequeños, un niño y una niña.

Luego vino el turno del interrogatorio de Eberlin, que confesó sin ser torturado. Mencionó una reunión en casa de Elías en la que se decidió asesinar a la familia cristiana. Su misión era vigilar junto al puente. Los culpables habían sido los seis hombres que había citado Elías. Al preguntarle para qué necesitaban sangre cristiana dijo que era para la ceremonia de la circuncisión. Primero se había asesinado a los adultos y después a los niños, después de darles leche -se supone que caliente- para que durmieran profundamente. Al final, Eberlin se vino abajo y dijo que quería convertirse al cristianismo y ser un buen cristiano hasta el fin de sus días.

Dos días después se interrogó a Mercklin, a quien se informó que sus dos hermanos, Elías y Eberlin, habían confesado quienes habían sido los culpables y cómo se había cometido el crimen. Mercklin replicó que si ya lo sabían no era necesario que él dijera nada. Sometido a tortura, confesó haber cortado la garganta de la mujer, mientras el marido había sido asesinado por el vagabundo. Ambos estaban despiertos. Después sacrificaron a los niños, que estaban dormidos, y recogieron su sangre. Como era el más fuerte, se encargo de llevar el cuerpo del hombre al cementerio, mientras que los demás llevaban el de la mujer y los de los niños decapitados. Los enterraron en un hoyo, que cubrieron con huesos.

Bloody Moon
Los magistrados preguntaron a Mercklin si habían usado la sangre de los adultos. Contestó que no, que sólo recogieron la sangre de los niños y que cuádruple crimen se había cometido por ese motivo, porque la sangre de los cristianos tenía poderes curativos, para curar la epilepsia y por su sabor. Acabó confesando que la necesitaban para la ceremonia de la circuncisión.

Se acordó condenar a muerte a los judíos. La fecha de la ejecución se fijó para el cuatro de abril. Los tres hermanos fueron desnudados, envueltos en cuero seco, arrastrados al lugar de la ejecución y quemados en la hoguera.

Había sido una puesta en escena ideal. Un hombre y una mujer, con un potro -el borriquillo- que se alojan en un establo y duermen en lechos de paja. Eran las víctimas perfectas. El evidente paralelismo con la Sagrada Familia era demasiado tentador.

Según R. Po-chia Hsia, hay ciertas discrepancias entre otras dos copias de las confesiones que han llegado hasta nosotros, que se conservan en los archivos de Frankfurt y Estrasburgo. Basándose en dichas divergencias, R Po-chia Hsia deduce que los textos no son fiables; además, se había presumido desde el primer momento que los acusados eran culpables, la confesión de Mercklin había sido obtenida bajo tortura y las otras ante la certeza de padecerla en caso de negarse a testificar.

Se desconoce que fue de los demás implicados en el crimen: Mennlin, Leoman, Hesman el joven, Matthew, el vagabundo, Serlin  y Leo de Pforzheim, el que adquirió la sangre de los desventurados niños.

La advertencia que recibió Elías para que se abstuviera de denunciar el crimen ante el consejo judío de ancianos deja claro, una vez más, que este tipo de rituales es practicado por una secta satánica que se esconde en el seno de una comunidad que los rechaza.

Cenefa Separadora

Fuentes:

R. Po-chia Hsia. The myth of ritual murder. Jews and magic in reformation Germany.