Alcàsser. Desirée.

En el verano de 1992, un grupo asturiano de nombre “Zapato veloz” tuvo un gran éxito con un tema que, objetivamente, era una atrocidad musical, pero resultó ser el más perfecto exponente del llamado “agropop”. El tema era “Tractor amarillo“, lo más comercial y pegadizo de aquel verano. Arrasó. Desirée se quedó enganchada con la canción y se pasó el verano cantándola, hasta que su madre se la aprendió de memoria. La canción evoca una niña divertida y vital, en contraste con las más soñadora Toñi. Otra que también le gustaba mucho, según su amiga Marisa, era “Ritmo de la noche“, un tema de “Mystic” del año 1990.

La revista Pronto describía así a Desirée en uno de sus reportajes: “La más alta del trío, con su 1,67 de estatura. Tenía los ojos verdes y el cabello -melena hasta los hombros- de color castaño claro. Era famosa en todo el pueblo porque le encantaba patinar por sus calles, haciendo piruetas y demostrando su habilidad ante todo aquél que pasara por su lado. Sus botas, ajadas por el uso, pendían de un clavo en su habitación, junto a los pósters de sus cantantes favoritos y algunas fotos recortadas de revistas. Le encantaba, asimismo, jugar con su gato siamés, junto al cual aparece en una de estas fotografías. “

Cuando las niñas desaparecieron, la prensa comentó que los familiares de Desirée habían declarado que “en un principio no iban a dejar ir a sus hijas a la discoteca, por su corta edad, pero luego se juntaron las tres amigas y decidieron ir un rato en la tarde del viernes a la disco“.

A las ocho y media de la noche los padres de Desirée se alarmaron al no llegar su hija a cenar, ya que lo hacían a esa hora. Su padre Vicente, que tenía problemas de salud desde hace años, decidió acudir al Ayuntamiento para denunciar la ausencia de su hija en medio de un gran nerviosismo familiar.

Su madre Rosa acabaría recurriendo por primera vez en su vida a un vidente. “Una ya no sabe lo que pensar, y voy a ir donde haga falta para encontrar a mi niña.” Y aseguraba que, al igual que las otras chicas, su hija no llevaba dinero ni documentación personal cuando salió de casa. “Les han tenido que lavar la cabeza“. “A los ocho días de no ver a mi hija, la policía aún no tiene una pista clara sobre dónde pueden encontrarse“.

Rosa Folch declararía años después: “Los recuerdos de Desirée me asaltan a cada momento y en cualquier lugar, era una niña de 14 años muy cariñosa, que entraba en casa y se ponía a hablar; sus amigos la llamaban a todas horas”. “Era una xiqueta que no veía la maldat per cap puesto”. “Las dos éramos muy abiertas, no pensábamos lo que podía pasar“.


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«No quiero enseñar el cuentito de la patinadora que escribió mi hija, porque ella nunca nos dejó leer lo que escribía mientras vivió, ni siquiera a su hermana Rosana, que a veces la provocaba diciéndole que había leído alguna cosa suya, y ella le respondía que no podía ser, que lo tenía bajo llave y la llave estaba escondida. Decía que eran sus cosas. Además, quiero recordarla como era en vida, y no como murió.

»Ahora leo y releo esas cosas que dejó escritas, y eso me conforta porque formaban parte de sus sueños, de sus ilusiones, y me siento un poco más cerca de ella… Era una niña muy abierta, muy comunicativa, muy infantil incluso para los catorce años que tenía. Nunca se le ocurría pensar que la maldad estaba cerca de ella, no la veía. Cuando le advertía que tuviera cuidado con el tema de las drogas, no fueran a engañarla, la niña me contestaba: “Mamá, no seas tan mal pensada. Yo no soy tonta y me daría cuenta si quisieran engañarme…” Ya ve usted si era inocente. Si ella no hubiera sido tan ingenua y hubiese tenido más malicia, seguramente habría desconfiado y no hubiera subido a ese coche…

»Se llamaba María Deseada Hernández Folch y nació el 7 de febrero de 1978 en una clínica de pago de Valencia. La bautizaron el 19 de marzo en la iglesia parroquial de Alcásser y aquí la empadronamos.

»De pequeña, a los cuatro o cinco años, tuvo el sarampión, que en valenciano se dice la pallóla. No le terminaba de brotar y estuvo muy mala, con mucha fiebre, y tuve que llevarla al pediatra de Catarroja. Estuvo muchos días con fiebre hasta que se recuperó. Luego también hubo que operarla de amígdalas, y últimamente descubrimos que tenía una cadera más alta que otra. Yo no me había dado cuenta. Resulta que de pequeñita era muy delgada, muy delgada, y andaba con los hombros un poco echados adelante, y la llevé a un médico de huesos de pago, para que le mirase la espalda, porque me dije, esta niña va a tener chepa. El médico la reconoció y me dijo: “No tiene nada en la espalda, lo que tiene es una cadera un poquitín desviada.” Y entonces la puse en tratamiento y la iban controlando cada cuatro o cinco meses con radiografías, y me dijeron que lo mejor para ella era la natación, que le sentó maravillosamente. El defecto que tenía no le iba a más porque hacía mucha natación…

»De pequeña le gustaba mucho jugar con las muñecas. Hasta muy mayor jugó a muñecas con las niñas de por aquí. Le tenía mucho cariño a unos muñecos que le hizo mi madre cuando era muy chiquitita, de esos con el pelo rubio, la cara de goma y lo demás de trapo. Los guardaba en su habitación y yo —como estaban viejos— un día los tiré. Aquello le sentó fatal. Me dijo que no tenía derecho a tirarlos, que ella los quería mucho…

»Así era ella. Lo guardaba todo desde cuando era pequeña. Todavía conservaba el chupete, los muñecos y un rosario que mi madre tenía siempre en la cabecera de la cama cuando vivía con nosotras. Mi madre no es que fuera muy católica, pero se lo regalaron… Era un rosario de esos que de noche relumbran y parece que tienen lucecitas; y cuando mi madre murió, Desi lo colocó en la cabecera de su cama y yo mandé que se lo pusieran en la tumba. Y no es que nosotros, mi marido Vicente y yo, seamos muy católicos; pero como la niña tenía el recuerdo de su abuela en ese rosario, quise que lo mantuviera.»

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«La primera comunión la hizo en Alcásser a los nueve años. La niña estaba emocionada, y hay una anécdota de la que siempre me acuerdo… Aquí la gente se luce mucho en esa fecha, aunque sea como un paseíllo. Van los niños con la música en parejitas y las madres detrás. Yo me hice un traje de dos piezas y encima llevaba un blusón de tela de lino, muy suave, y había ido a la peluquería, y cuando Desi me vio así de compuesta, me dijo: “¿Sabes a quién te pareces, mamá? Te pareces a Mayra”, la del programa ese de Un, dos, tres, que entonces echaban en televisión…

»Ella estaba muy mona, muy delgadita, llevaba un traje muy bonito de seda natural y lo pasó muy bien. Mi madre vivía aún y estuvimos todos los de casa comiendo juntos. Y también vino Miriam, porque hicieron la comunión el mismo año, pero no en el mismo turno… Como hay tantos niños y hay sólo una iglesia, los van seleccionando por apellidos, y Miriam la hizo otro día, de pareja con su hermano, y Desi hizo pareja con una chiquita vecina que se llama Verónica…»

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«Ella era muy abierta, muy cariñosa, siempre hablando, contándotelo todo. Tenía seguridad en sí misma y me lo contaba todo. Un día me dijo —y me acuerdo mucho— que cuando se muriera la incinerara. Y yo le dije: “Pero ¿cómo me dices eso? ¿Por qué piensas esas cosas siendo tan cría?” “Sí, porque es mejor”, me contestó. Y me he acordado mucho de eso que me dijo.

»Era una chiquilla con mucha claridad de ideas, que hablaba sinceramente con la gente. Muy diferente a mi otra hija, que es más retraída y no tiene las cosas tan claras…

»De pequeñita la llevé a una guardería un par de años, y le gustaba mucho ir, le encantaba. Cuando la saqué a los cuatro años para que fuese a la escuela, me decía: “¿Por qué no puedo ir un año más a la guardería…?” Y en la misma guardería ya estaba Miriam, y juntas empezaron a ir a la clase de párvulos a los cuatro años.

»No era buena estudiante. Lo único que le gustaba de la escuela era el deporte, la única asignatura que sacaba bien. Cuando era pequeña aún sacaba buenas notas, pero luego ya no le gustó estudiar. Ese era el único problema que tenía, que no le gustaba nada estudiar… Hace dos años perdió curso y se quedó atrasada. Tuvo que empezar con un maestro que no conocía y con unos niños con los que no había estado nunca, aunque fuesen del pueblo. Entonces, ella se vio muy desplazada y ya no le gustó el ambiente de la escuela. Era un ambiente distinto al que estaba acostumbrada, y a medida que iba peor aún le gustaba menos. Y es que el maestro es un buen maestro, pero resulta que apoya mucho a la gente que va muy bien, pero a los que van mal los hunde, y eso no es… ¿No cree usted?… Yo pienso que hay que ayudar más a los que van mal. “Es que no estudia, es que no hace nada”, me decía el maestro. Pero portarse se portaba bien, porque no tenía mal comportamiento en la escuela, pero no estudiaba, seguramente, porque no la motivaban para estudiar… Estaba repitiendo octavo, y ella me decía que si no lo terminaba iría a unas clases que dan en el pueblo para los que no acaban el octavo, porque en el colegio cuando repiten más de un año no los pueden tener más…

»Y ella me decía: “Si no puedo acabar curso quiero ir a trabajar”. Porque para eso, para el trabajo, valía mucho. Tenía mucha imaginación y era muy hábil en las faenas de la casa, y en la cocina ni se quemaba ni se le caía nada…

»Hace tres años me llamó el profesor de natación, que era un monitor de Valencia, y me preguntó si quería llevarla a la capital, que la niña valía, respondía muy bien a lo que le enseñaba y podía hacer otras cosas. Pero eso suponía que yo, que ya estaba trabajando, tenía que llevarla todos los días a Valencia. Entonces le dije: “¿Cómo va a ir esta niña, con sólo once años, todos los días sola en el coche de línea a Valencia? ¡Es imposible..! Y por eso perdió la oportunidad, pero ella valía mucho para el deporte. Tenía fuerza y ese nervio que se necesita…

»En la escuela daba religión. Entre ética y religión, mejor es que cojas religión, le decía yo, porque siempre parece que te enseñan algo. Algunas veces iba a misa con una amiga que tiene una abuela muy católica, pero no todos los domingos…

»Le encantaba la música moderna. Antes de que la mataran siempre estaba cantando Tengo un tractor amarillo, y tanto la cantó que me la hizo aprender de memoria… También le gustaba mucho bailar. Venía de COOLOR y me decía: “Mamá, estoy deshecha de tanto que he bailado.” Y sin ninguna vergüenza empezaba a bailar delante de mí… En cambio mi otra hija es diferente. Nunca la he visto bailar. “¿Tú sabes bailar?-le digo-. Yo creo que no has bailado nunca…” Mi Desirée era muy diferente.

»De la televisión, lo que más le gustaba era el programa Sensación de vivir. Y tenía grabada una película de patinaje que de tantas veces como la había visto se la sabía de memoria. Es una película americana que transcurre en California. Ella es de una familia bien, y él es un chico que enseña a patinar, y ganan una medalla patinando y se enamoran… Una película muy bonita. Desi la veía y la repetía, la repetía, se sabía hasta los diálogos de memoria.»

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«No era una niña miedosa. Al contrario. Mi padre murió cuando yo tenía diez años y desde entonces siempre he ido mucho al cementerio. Cuando murió mi madre, hará siete años, Desi me decía: “Mamá, voy contigo.” Y yo le contestaba: “Chica, no vengas, que voy sola.” Y ella insistía: “No, no. Voy contigo.” Y quería poner las flores y subirse a la escalera para limpiar la lápida a mi madre y a mi padre. Y no tenía miedo. Eso, mi otra hija no lo hubiera hecho, ni pensarlo… Eran muy diferentes… Desi tenía un espíritu muy fuerte y pienso en cómo se defendería cuando le pasó lo que le pasó, cuantas cosas haría para defenderse, porque era muy valiente, muy decidida.»

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«Tenemos gatos. Uno que está con ella en la foto, que se llama Lucky y lo quería mucho; y otro que tengo, más pequeño, desde el año pasado, cuando lo trajo a casa el novio de mi otra hija. Y como era más pequeñito lo queríamos más; y el otro, el grande, se iba por ahí, y cuando Desi llegaba nos decía: “¿Es que ahora queréis más al pequeño? ¿Ya no queréis al otro…?” Y es que el pequeño, como no salía de casa y estaba tan limpito, nos hacía mucha gracia, y el grande se había hecho callejero y me daba no se qué cogerle. “Eso no tenéis que hacerlo —decía ella—, tenéis que querer a los dos igual…”»

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«Ella con su hermana mayor, que tiene tres años más, se llevaba bien, se complementaban… Pero la mayor venía muchas veces y me decía: “Mira, Desirée estaba anoche en el polideportivo, en una fiesta de ésas donde se mojan todos y se llenan de espuma…” Y es que mi Desirée llevaba el traje de baño debajo del vestido y se tiraba a nadar. Pero mi hija mayor, como es más retraída y lo piensa y mira todo mucho, pues venía a decirme que Desirée no tenía vergüenza, que se había tirado a nadar, que si no sé qué y no sé cuántos. Y yo le respondía: “Pero bueno, iba con su bañador, ¿no…?” ¡Eran tan diferentes…!»

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«No era golosa ni le gustaba mucho la Coca-Cola… En verano yo compraba Fanta y Coca-Cola, por si venía alguien, y ahí se quedaban, en la nevera. A ella le gustaba el agua, agua… Cuando iba a algún sitio con las amigas, siempre pedía agua, y mi otra hija, igual… De pequeñita no era comedora, me costaba mucho darle de comer, aunque últimamente Desi había cambiado mucho, comía ya buenos platos de todo; pero su porte era delgado y tenía unas piernas muy bonitas, muy largas y muy rectas. Yo siempre le decía: “Qué piernas más bonitas tienes…” Porque Desi no era guapa —mi hija mayor tiene una carica más bonita—, pero tenía unas piernas… y un color de piel muy bonito, muy rosado.

»Me decía siempre: “Me gustaría tener los ojos azules.” Y yo le decía: “Pero si los tienes verdes, que son más bonitos.” También me decía que quería tener el pelo rubio, muy rubio, en vez de castaño claro… Se compraba champú de camomila para tener el pelo más claro, y el pelo se le ponía rubio en verano porque tomaba mucho el sol.»

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«Yo soy del signo Tauro, de carácter fuerte y valiente, dicen, y yo creo que es verdad, por soportar lo que estoy soportando. Ni siquiera sé cómo puedo, porque mi marido está muy mal, y yo voy a trabajar a la fábrica y pienso que no voy a poder; pero puedo. Es mejor trabajar, porque cuando estoy sola veo todos sus recuerdos, las fotos, y pienso que aún puedo sentirla subir por la escalera y llamar en cualquier momento a la puerta. Esa es la forma en que ella está conmigo, y no puedo rechazar ese sentimiento de que la tengo al lado y me acompaña, aunque es muy doloroso, muy doloroso…

»Ha sido una niña que no me ha dado ningún problema y ha vivido muy feliz los catorce años que le tocó vivir. No estudiaba, pero yo nunca he sido una madre machacona. No la he amenazado y ahora me alegro de no haberlo hecho… Era muy alegre, muy cariñosa, muy festera, y cuando estaba en un sitio, .o llenaba. Este último verano se lo pasó muy bien porque lo dice en su diario: que pasó un verano maravilloso. Pero eso ya terminó. Se terminó todo, aunque me queda el consuelo de saber que la niña vivió feliz, y eso no lo pueden decir todos los niños… Ha tenido lo normal de las casas. No somos ricos, pero cuando necesitaba ropa se la compraba igual que a su hermana. A primeros de octubre le compré una chupa de esas negras. Fuimos a comprarle unos pantalones vaqueros a una tienda de Catarroja a mi otra hija, y le quise comprar a ella otros iguales. Entonces me dijo: “Mamá, ¿por qué no me compras esa chaqueta?” A mí no me gustaba mucho porque era de cuero y tenía muchas cremalleras, pero terminé comprándosela. Y le gustaba tanto que la llevaba aunque hiciese calor y las amigas le dijeran: “Desi, que te vas a ahogar…” Y ese día se fue con su chupa, una camisa blanca debajo, sus pantalones vaqueros y un pañuelito rojo de lunares al cuello… Así se marchó… Me dijo adiós y le di una galleta de chocolate, unas galletas muy buenas que vienen de Alemania y que retractilamos y envasamos donde yo trabajo. Y como se iba con Toñi pensé que había hecho mal en no darle también a ella, y es que se me pasó… Y se fueron tan contentas. Ni me pidió dinero ni me dijo que iban a COOLOR. No me dijo nada. Preparó una bolsa para ir a natación al día siguiente, y se marcharon para siempre. Ya no la he vuelto a ver…»

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«Como regalo del último cumpleaños, le prometí que la llevaría a Valencia a pasar el día patinando en una pista de hielo. La niña estaba muy emocionada, y ése es el argumento de uno de los relatos que dejó escritos, mezclando la realidad de los momentos pasados patinando con la ilusión de ser algún día una gran campeona de patinaje…»

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«Ahora Rosana ya tiene novio, tiene su vida, y yo tengo que centrar mis esfuerzos en ayudar a mi marido, que está muy enfermo y no ha superado el trauma. Adelgazó diez kilos y no quiere salir de casa ni hablar con nadie, y cuando llego del trabajo tengo que atenderlo, y sacarlo al campo los domingos para ayudarle a sobrellevar la pena…»

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«Es verdad que estoy dolida con algunos periodistas, como esos de televisión que publicaron datos del sumario, y no entiendo cómo lo pudieron hacer sí el sumario era secreto. Por encima de todo, lo que quiero es que no se la recuerde por la monstruosidad de su muerte, sino por lo que ella era cuando estaba viva, por eso no estoy de acuerdo con monumentos ni esas cosas, como quiere el padre de Miriam. El dinero que haya en los bancos para eso, sería mejor emplearlo en buscar a Anglés. Que le castiguen bien y no vuelva a cometer ninguna fechoría más… Póngalo bien claro. Diga que eso es lo que quiero, en lugar de un monumento…»

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Fuentes:

  1. Fernando Martínez Laínez. Sin Piedad. Editorial: Ediciones B. Noviembre 1983. I.S.B.N.-10: 8440641788. I.S.B.N.-13: 9788440641786. Nº Págs: 256
  2. Diario de Valencia. Miércoles, 2001.11.14.
  3. Prensa local de la época.
  4. Revista “Pronto”. 28 de enero de 1993.
  5. Tractor amarillo. Zapato veloz.