Niños desaparecidos. Primeros ecos en los medios.

En julio de 1982, diez años antes del triple crimen de Alcàsser, el semanario “Reader’s Digest” se hacía eco de un problema pavoroso que estaba sucediendo en EE.UU.: la desaparición de cien mil niños al año.

Este es el primero de los artículos que se van a publicar este año en el blog tratando este problema. Un problema que no se inventó Fernando García, que no es fruto de su imaginación conspiranoica, sino que es una terrible realidad que debemos afrontar y combatir. Un pueblo que extermina a sus propios hijos, por acción o por omisión, no merece otro destino que el de desaparecer.

Una vez aceptada la realidad de las desapariciones, la siguiente pregunta es ¿quién se lleva a los niños? ¿Siempre son individuos aislados o hay grupos organizados que se encargan de hacerlos desaparecer? A este tema irá dedicado un próximo artículo del blog.

 

DESAPARECIDOS: CIEN MIL NIÑOS AL AÑO

Las cifras son estimativas. Pero los pocos hechos que se conocen son espantosos: miles son asesinados cada año, el número de niños desaparecidos va en aumento y nadie se ocupa de que haya estadísticas adecuadas.

Condensado de la revista Kiwanis
Gary Turbak

Sobre las 8:30 de la mañana del 7 de enero de 1980, Kathleen Mancil llevaba en coche a su hija Marian Batson en Inverness, Florida. “Hasta la noche”, le dijo Kathleen a la pequeña, de ojos azules y 16 años de edad, cuando salió del coche.

Pero no vio a Marian esa noche. Ni la siguiente, ni la otra.

Nadie recuerda haber visto a Marian después de salir del coche de su madre. Al día siguiente de su desaparición su bolso apareció en un contenedor de basura a unos 25 kilómetros de la escuela. Se había unido a la creciente lista de niños etiquetados simplemente como “Desaparecidos”.

Sheila y Katherine Lyon, de 13 y 11 años, viajaron hasta un centro comercial de los suburbios el 25 de marzo de 1975, y desaparecieron para siempre. A principios de octubre de 1980, Brandy Barlow, de dos años, desapareció de su jardín. La lista continúa creciendo.

Probablemente, el caso de niño desaparecido más mediático de los últimos tiempos ha sido el de Etan Patz, de seis años de edad. El 25 de mayo de 1979, Etan se encaminó solo por primera vez hasta la parada de su autobús escolar en Manhattan y no se le ha vuelto a ver. Las búsquedas sistemáticas realizadas con sabuesos, helicópteros, videntes y patrullas policiales no han conseguido encontrar pista alguna.

No son casos aislados. Todos los que se ocupan del problema de los niños desaparecidos están de acuerdo en que es grave y empeora. Las estadísticas, sin embargo, son difíciles de conseguir. Los límites entre los niños que se fugan, las víctimas de secuestros parentales y los secuestrados por extraños tienden a difuminarse.

Las mejores estimaciones son que alrededor de un millón de jóvenes estadounidenses abandonan su hogar cada año, de los que el 90% regresan en un plazo de dos semanas. Por lo tanto, hay unos 100.000 niños de los que no se sabe nada. A estas cifras hay que añadir de 25.000 a 100.000 niños más secuestrados por padres divorciados o separados, con lo que el total alcanza una cifra importante. “Los niños desaparecidos constituyen un gran problema al que la gente debería comenzar a prestar atención”, dice el Sargento Detective Dick Ruffino, de la oficina del sheriff del condado de Bergen, New Jersey.

Sin embargo, ninguna agencia estadounidense se ocupa exclusivamente de los niños desaparecidos a escala nacional. Los automóviles, pistolas y artículos de plata pueden ser registrados, rastreados y recuperados más fácilmente que los niños. “Nuestras prioridades están mezcladas”, dice Ken Wooden, director de la Coalición Nacional para la Justicia Infantil. “Si alguien roba un coche, puede ser rastreado porque tenemos un sistema informático para rastrear coches robados. Pero por lo visto los niños no son tan importantes para nosotros “.

Cada caso de niño desaparecido tiene su propio drama e ironía. En julio de 1976, Dee Scofield, de 12 años de edad, desapareció mientras iba corriendo a hacer un recado en centro comercial de Florida. Dos días después, un compañero de clase vio a Dee mirando por la ventana de una furgoneta, formando desesperadamente la palabra “ayuda” una y otra vez con sus labios. Dee Scofield desapareció para siempre.

El 18 de octubre de 1981, Jimmy Rogers, de 14 años, salió de su casa de Hanson, Massachusetts, para ir a la de un amigo. Puede que hiciera dedo. Desde entonces no se ha vuelto a saber nada de él.

“El robo de niños, el secuestro y las cosas terribles que les suceden a estos niños son tan horrendos que la gente se niega a asumirlas”, explica Stan Patz, padre del desaparecido Etan. “Tratar de manejar casos como el nuestro a nivel local es un tremendo impedimento. Necesitamos un centro nacional de información centralizado con información sobre los niños desaparecidos y cómo pueden ser identificados”.

Pero la mayoría de los casos recaen sobre la policía local, contra la cual algunos padres de niños desaparecidos levantan una letanía de quejas. Debido a que muchos niños huyen de casa, la policía etiqueta como fugitivos a la mayoría de los niños desaparecidos. Y a no ser que el niño sea muy pequeño o existan evidencias de que ha sucedido algo raro, por lo general la policía no tomará medidas ante la denuncia de la desaparición hasta transcurridas 24 horas. La razón: un gran volumen de trabajo. Un exceso de crímenes violentos -la mayoría con víctimas heridas y gran cantidad de pruebas- tiene prioridad sobre el “posible” crimen en el que la víctima sea un niño desaparecido.

La desgarradora tragedia, por supuesto, ocurre cuando el niño no se ha fugado y se le podría haber ayudado de haber tomado medidas inmediatas.

En la mañana siguiente a la Navidad de 1974, Janna Hanson, de 13 años, fue a la casa de un amigo. Poco tiempo después, Doreen Hanson fue a recoger a su hija; Janna no estaba allí. Doreen fue inmediatamente a la policía, pero no comenzaron a buscarla hasta pasadas 24 horas.

Cuando la policía finalmente inició una investigación, era demasiado tarde. El cuerpo de Janna fue encontrado después de varios meses, y la evidencia indicaba que había sido asesinada el 26 de diciembre.

Los padres también se quejan amargamente de la negativa del FBI a ayudar a la localización de niños desaparecidos. El FBI se involucra en estos casos sólo cuando hay pruebas de un secuestro -como una nota de rescate- o evidencia de que haya sido transportado cruzando fronteras interestatales.

“La primera desaparición de un menor debería ser evidencia prima facie de que se ha producido un secuestro”, dice John Clinkscales, cuyo hijo Kily desapareció hace seis años. “El FBI podría entonces involucrarse de inmediato, y podría haber una oportunidad de encontrar a algunos de estos niños. Necesitamos ayuda.”

Y respuestas. Los padres siempre preguntan lo inevitable: ¿Por qué? ¿Por qué secuestrar un niño? ¿Por qué el mío? Hay muchas preguntas, pero no hay respuestas.

En los Estados Unidos se divorcia un millón de parejas al año, y en muchos casos se producen secuestros parentales. Por amor, odio, rencor o venganza, uno de los padres le quita un niño al otro.

En diciembre de 1974, Gloria Yerkovich dijo adiós a su hija Joanna, de catorce años, cuando se fue a pasar el fin de semana con su padre. No quería ir, pero un tribunal dictaminó que tenía que hacerlo.

Joanna nunca regresó. La separación que iba a durar un fin de semana dura ya siete años y medio.

Por censurable que sea el secuestro parental, puede que estos niños tengan más suerte que otros. Al menos existe la posibilidad de que vayan a la escuela, crezcan y lleven una vida más o menos normal.

Pero cuando un extraño secuestra un niño, puede suceder cualquier cosa. Los padres de los niños desaparecidos tienen la esperanza de que su hijo termine en una familia cariñosa que lo cuide, quizás a través de una adopción en el mercado negro. La triste realidad es que un niño desaparecido corre un alto peligro de ser asesinado. Se estima que cada año se esfuman unos 2500 niños en los Estados Unidos que más tarde aparecen asesinados.

Si bien el secuestro y el asesinato de un niño es un acto psicótico sin sentido, muchos niños son utilizados por razones mucho más calculadas. Dice Ken Wooden, “Los niños son constantemente buscados para el lucrativo negocio de la prostitución infantil. La mayoría de los departamentos de policía y funcionarios públicos no están haciendo nada al respecto”.

Si el temor sobre lo que puede estar sucediendo a un niño desaparecido es la emoción primaria de los padres, la frustración es la segunda. A menudo, una vez que la policía local ha agotado todas las pistas, no se hace mucho más. A los informes de niños desaparecidos en una ciudad transmitidos por teletipo no se le presta demasiada atención en otra. Las descripciones verbales son a menudo inútiles.

A causa de la desesperación, los padres recurren a la publicación de carteles y a conducir por parques y otras áreas frecuentadas por los niños. “Es una sensación de absoluta indefensión”, dice Stan Patz. “Es que no podemos hacer nada más”.

En los últimos años, sin embargo, se han formado varios grupos -normalmente por padres o parientes de niños desaparecidos- para aconsejar y consolar a padres angustiados. Una de estas organizaciones es Child Find, Inc., Box 277, New Paltz, N.Y. 12561. Tiene un número gratuito (800-431-5005) a disposición de los niños que estén buscando a sus padres o de padres que estén tratando de identificar a los niños desaparecidos. Otra organización es SEARCH, que publica The National Runaway / Missing Persons Report, una revista que contiene fotos, descripciones y datos personales que pueden ayudar a identificar a los desaparecidos. El informe se distribuye cada tres meses a 22.000 agencias e individuos en la aplicación de la ley, la seguridad, la medicina y el servicio social. La dirección de SEARCH es 560 Sylven Ave. Englewood Cliffs, N.J. 07632. (Toda la correspondencia debe incluir un sobre franqueado y con la dirección.) Teléfono: 201-567-4040.

Sin embargo, estos esfuerzos no pueden resolver el problema de la noche a la mañana. En la actualidad, la esperanza es el arma más sustentadora de los padres.

Para algunas familias, esa esperanza no cesa incluso después de encontrarse el cuerpo de un niño. Doreen Hanson: “Después del descubrimiento de los restos de nuestra hija todavía seguíamos buscando, al menos en nuestras mentes. Durante muchas semanas después, si veía una chica por la calle que se parecía a mi hija, seguía esperando en mi corazón que fuera Janna.

“Nadie que no sea del entorno puede entender el trauma que tiene lugar en una familia que tiene un hijo desaparecido. La frustración, el no saber, la agonía están más allá de lo explicable”.

Traducido del inglés por Nozick.

 

Fuentes:

  1. NCIC Missing Person and Unidentified Person Statistics for 2013: https://archives.fbi.gov/archives/about-us/cjis/ncic/ncic-missing-person-and-unidentified-person-statistics-for-2013
  2. National Center for Missing & Exploited Children (NCMEC): http://www.missingkids.com/KeyFacts
  3. http://www.huffingtonpost.com/2014/11/10/most-missing-persons-state_n_6110476.html