Alcàsser. Antonio Anglés. La construcción de un mito #2

 

DIRECCIÓN GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL
“CONFIDENCIAL”
NOTA INFORMATIVA NÚMERO 128
ASUNTO: 5.1.2.3.-ACTIVIDADES ANTONIO ANGLÉS

[…]

DEFORMACIONES SEXUALES.- De acuerdo con informaciones facilitadas por el detenido Miguel Ricart Tárrega y de los reclusos Miguel G. P., Miguel R. R. y Alfonso C. R., con los cuáles compartió galería durante su estancia en prisión, se confirma su:

  • Homosexualidad: Se le ha visto dentro de la cárcel desnudo con un joven.
  • La atracción sexual que sentía por las niñas menores, que le gustaría violarlas bucal y analmente.
  • Indiferencia ante mujeres adultas o incluso jóvenes.

“¿Qué pasó en Alcácer? “La Fuga”. Páginas 372 y 373.

 

Joan M. Oleaque
Desde las tinieblas

“… En Valencia, junto al céntrico cine Serrano, estaban situados los Billares Colón, recreativos en los que se establecían contactos de prostitución homosexual. Los viejos mariposeaban detrás de los jovencitos que rondaban por allí, intentando saber quién era chapero. Cuando encontraban uno, se lo llevaban a los lavabos o fuera del local.

Antonio y los colegas empezaron a acercarse por aquellos recreativos. En esas incursiones no buscaban venderse, sino robar todo el dinero que pudieran a los buscadores de sexo. Siempre había alguien que se acercaba. Uno de los amigos fingía que estaba interesado en la proposición:

—Pero pasamos del váter —decía al cliente—, vamos fuera de aquí.

Los otros los seguían, y en el momento propicio, aparecían, y entre todos hurtaban a la víctima todo lo que llevara encima. Si se negaba, la cosa podía acabar mal: según testigos, uno de los chavales cortó la oreja con la navaja a un viejo que se resistió. A raíz de las incursiones de Antonio a esos recreativos, empezó en la calle su fama sotto voce de homosexual, aunque nadie se lo decía a la cara. Un toxicómano de Catarroja, que se prostituía en los Billares Colón, explica que en ocasiones se encontró por allí al Asuquiqui a solas.

—Cuando venía con los otros era para robar. Pero a veces aparecía sólo él, y se iba con hombres por dinero.

Un policía local ha indicado que también se le veía rondar por los lavabos de la estación del Norte de Valencia, otro punto de encuentro homosexual de la época. El rumor sobre su ambivalencia ya no abandonaría a Antonio. Coincidía con que, además de llevar bastante dinero en el bolsillo, Antonio cuidaba demasiado su aspecto para las costumbres de la calle. Siempre llevaba zapatos blancos. Le daban clase. Se pintaba la raya de los ojos. De verde…”


En este artículo vamos a intentar determinar si es posible que Antonio Anglés, siendo homosexual, pudiera haber cometido dos violaciones vaginales y tres anales. Recordemos que la declaración de Miguel Ricart en cuanto a los hechos que precedieron a la muerte de las niñas no se ajusta a la verdad forense, porque Ricart no sólo relató tres violaciones vaginales, sino que especificó en concreto que C1, que murió virgen, fue la primera en ser violada vaginalmente.

Es obvio que para mantener relaciones sexuales un varón necesita que su miembro esté en estado de erección. Pero aquí estamos hablando de violaciones vaginales y anales con resistencia de las víctimas, lo que implica una erección sólida y persistente en el tiempo. La vagina está diseñada para mantener relaciones sexuales y posee una notable elasticidad -es el canal del parto-, pero no así el recto, evidentemente, puesto que carece de lubricación natural y además está dotado de un esfínter que lo cierra. Incluso con consentimiento suele ser necesaria una dilatación previa y la aplicación de un lubricante. Sin embargo, el tribunal se tragó la historia de Ricart incluso después de que la autopsia determinara que había habido dos violaciones vaginales, no tres.

Aunque el DSM I (1952) y el DSM II (1968) [Diagnostic and statistical manual of mental disorders, de la American Psychiatric Association] consideraban la homosexualidad como una desviación sexual, no profundizaban en su análisis y, en consecuencia, no son de interés para el tema que nos ocupa. Menos todavía a partir de la 6ª edición del DSM II, en donde la homosexualidad dejó de ser considerada como un desorden mental y por lo tanto no se aborda en el texto.

Para poder utilizar algún tratado que nos sirva para analizar el posible comportamiento de Antonio Anglés hacia las mujeres, tenemos que retroceder en el tiempo. He utilizado un texto del profesor Rinaldo Pellegrini, catedrático de medicina legal de Padua (Italia), cuya edición original se realizó en dicha ciudad en 1967, publicándose en Madrid al año siguiente bajo el título “Sexuología”.

Rinaldo Pellegrini nació en Venecia, el día 22 de junio de 1883. Fue auxiliar y primer ayudante en los institutos de Anatomía Patológica del Hospital Civil de Venecia y de las Universidades de Turín y Venecia.

Tuvo por maestros a hombres tan eminentes como Jona, Bonome y Foá. Obtuvo el profesorado por méritos en Anatomía e Histología Patológica, caso único entre los medios legistas italianos. Trabajó, al lado del gran Tanzi, en la Clínica Psiquiátrica de Florencia. Se trasladó, en 1915, al campo de la Medicina legal, bajo la dirección del insigne Cevidalli, quedando de esta forma agregado a la escuela florentina de Borri. En la enseñanza de Medicina legal comenzó el año 1919 como Profesor privado. Obtuvo Cátedra como Profesor de Medicina legal y de los Seguros en 1922, ocupando sucesivamente las aulas de Parma, Cagliari y Catania. En 1926 pasó a Padua, donde creó el nuevo Instituto, la Escuela y la Biblioteca de esta especialidad.

Presidió en Padua la Facultad de Medicina; enseñó, durante varios años, Antropología criminal, y fue miembro de numerosas Academias científicas italianas y extranjeras.

Fue un prolífico publicador, que emitió unos ocho mil informes periciales y escribió tratados y ensayos de las más diversas disciplinas médicas desde el punto de vista histológico, químico, clínico, anatomopatológico, experimental, tanatológico, antropológico, psiquiátrico, médico-legal, médico-social, deontológico, etc.

En definitiva, estamos hablando de un fuera de serie de la medicina. Si alguien puede orientarnos en este caso, es Pellegrini.


Rinaldo Pellegrini. Sexuología
Parte décima. Las anomalías del instinto respecto al propio sexo. (Homosexualidad)
Capítulo III. Manifestaciones de la homosexualidad

III. Comportamiento del homosexual con las personas del otro sexo.- Cualquier intimidad con la mujer tiene, en ocasiones, significado de impudicia para el homosexual: su pudor consiste en aborrecerla. En los casos más leves, la belleza femenina le deja indiferente; en otros, la imagen física o mental de la mujer se une a una sutil antipatía que, a su vez, se traduce en desprecio de sus cualidades morales y físicas, en exaltación de la castidad y de la pureza de las costumbres, lo que, por ejemplo, era habitual en Carlos XII de Suecia, considerado por algunos, a causa de ello, como urningo. En otros, finalmente, la proximidad de las mujeres determina angustia, disgusto, odio, turbación; y tal estado de ánimo se acentúa, naturalmente, si ellas les manifiestan algún deseo de intimidad. Cada urningo forma con los otros invertidos un sexo aparte; sólo con ellos siente fraternidad y solidaridad, pero no con la mujer; una desnudez o un brazo femeninos pueden provocarle repugnancia, como si se tratara de cosas sucias.

Algunos autores ven en esa actitud un declarado horror hacia las imágenes incestuosas infantiles. A tal respecto, Hesnard escribe (l.c., pág. 649): “La repulsión del homosexual, cuando llega a ser adulto, hacia las mujeres, es mucho más que una frialdad indiferente, es una aversión activa, incoercible, como sucede en las personas sensibles ante las cosas repugnantes y sucias… Para los ojos de los homosexuales, resultan desagradables las formas carnosas y redondeadas, los hombros excesivamente estrechos y las caderas demasiado curvas, de las mujeres. Se deriva de esto una impresión de un ser inferior, débil y despreciable; de una caricatura sexual del cuerpo masculino, única imagen perfecta del ser humano.”

En una autobiografía de un médico urningo (Thoinot l.c., pág. 332) se lee “Llegué a ser adulto. Mujeres y muchachas me hacían proposiciones diversas, pero yo huía de ellas como José de la esposa de Putifar. En compensación, mi orgasmo genital se realizaba al contemplar imágenes o estatuas de hombres, y no podía resistir la tentación de abrazar ardientemente la estatua amada. Por desgracia, los genitales estaban cubiertos por hojas de parra.”

El horror del uranista hacia la mujer, es, a veces, tardío, pero puede ser precedido, por un tiempo más o menos largo, de una conducta heterosexual (aunque sólo sea en apariencia) que constituye lo que Bloch denomina “seudoheterosexualidad”. Este autor indica (“Das Sexualleben unserer Zeit”, Marcuse, Berlín, 1909, pág. 597): “Puede hallarse en los homosexuales, antes de la pubertad y durante ella, una atracción análoga hacia el otro sexo… Esta pasajera e imprecisa tendencia de los homosexuales a divertirse con personas del otro sexo es una especie de seudo-heterosexualidad.”

Así ocurre en un caso del mismo autor:

Individuo que, hacia los dieciséis o los diecisiete años, retozaba con mujeres sin experimentar excitación sexual. Pocos años después se hizo homosexual y sentía aversión hacia las mujeres.

Algunos homosexuales se casan y tienen hijos (como Federico I de Würtemberg, 1798-1816); esto lo hacen por razones sociales o por disimular las consecuencias de desprecio público y de desgracia. Por lo común, buscan matrimonio con mujeres de modesta sensibilidad amorosa, a las que pueda bastarles una amistad cordial, sin intimidad genital alguna.

Así como hay individuos normales que, ocasionalmente, adoptan actitudes homosexuales (sobre todo bajo el dominio del alcohol, que anula sus frenos éticos), hay homosexuales que se hallan en disposición de copular con una mujer únicamente cuando están ebrios (es decir, cuando han suprimido así las inhibiciones propias de la naturaleza) o imaginándose que la compañera es una persona de su mismo sexo.

En otros casos, la “depravación” de una cópula vaginal se logra mediante la evocación de fantasmas sadísticos, por ejemplo, imaginando el descuartizamiento o la estrangulación de la mujer con quien el homosexual se dispone a unirse; esto explica el hecho de que la cópula sólo les sea posible a muchos homosexuales si se hallan en estado de cólera; esta manifestación puede ser un óptimo indicio de homosexualidad.

Típico es, a tal respecto, el caso del duque Praslin Choiseul, homosexual que destrozó a su joven esposa, hija del general Sebastiani, inmediatamente después de haber copulado con ella. 1 Según Eulemburg, incluso la crueldad de algunas mujeres sólo tiene un significado homosexual. En ocasiones, el horror a la cópula se refiere, únicamente, al acto físico de ella, y no a la imagen mental correspondiente, ni a la denominada “cópula ideal” (tumescencia por fantasía copular).

1 Curioso el caso que presenta Pellegrini, porque oficialmente la duquesa Fanny Sebastiani había conseguido que el duque se deshiciera de la institutriz de los niños, mademoiselle Henriette Deluzy-Desportes -una rubia de 26 años-, con la que éste habría tenido un affaire. Charles Hughes Théobald, duque de Praslin-Choiseul, acabó con su esposa -con la que había tenido diez hijos, de los que sobrevivieron nueve- la madrugada del 18 de agosto de 1847, apuñalándola 33 veces. No contento con ello, la remató a culatazos con su revólver. Aunque como Par de Francia gozaba del privilegio de la inviolabilidad, dado el escándalo que se desató (¡muerte al duque!, ¡abajo los nobles!, ¡abajo Luis Felipe!), el rey Luis Felipe lo hizo encerrar en el palacio de Luxemburgo, en donde se envenenó o fue envenenado. Diez meses después, el rey abdicó. Es curioso comprobar cómo reyes y nobles tropiezan siempre en la misma piedra -o variaciones sobre la misma piedra- y les cuesta muy caro. Tirar del hilo de mademoiselle Deluzy daría para varios artículos. Ver “All this, and heaven too” y “Rachel Lyman Field“. (Nozick).

Así sucede en un caso de Dessoir:

“Artista homosexual” que obtenía la eyaculación conversando con señoras de su agrado, aunque la conversación no fuese equívoca ni tuviese caracteres de intimidad.

El homosexual que se casa tiene tal horror a la prueba a que debe someterse como marido, que, algunas veces, (lo he comprobado en casos de mi observación personal) aconseja a su mujer que busque un amante, e incluso le señala al hombre que le parece más idóneo. En la mujer homosexual, la adaptación a la cópula es mucho mayor, a despecho de una fácil irritabilidad postcopulatoria; puede resultarle agradable la ampleción con un hombre, independientemente de la unión carnal.

[… Aquí omitimos las observaciones del autor referentes a la homosexualidad femenina, por no tener trascendencia en nuestro caso…]

Son raros los homosexuales a quienes les produzca placer la cópula vaginal, pero, incluso en tales casos, algún detalle denuncia fácilmente la naturaleza del sujeto. Por ejemplo, adoptar la posición súcuba durante la cohabitación (ha de tenerse en cuenta, sin embargo, que esta postura puede tener finalidad neomalthusiana; sobre su relativa eficacia no hay dudas, como demuestran algunos casos de mi personal observación)…

Hasta aquí, Pellegrini. Como en tantas otras ocasiones, dejamos a juicio de los lectores el veredicto sobre el problema planteado, aunque en realidad tenemos dos cuestiones por determinar:

  • Si Anglés era homosexual, ¿habría podido violar a las tres niñas?
  • Fuera homosexual o no, ¿habría sido físicamente capaz de cometer cinco violaciones seguidas -con dos intervalos-, tres de ellas anales?

No obstante, recordemos que los ingenieros de la versión oficial fueron lo suficientemente considerados con Anglés como para darle varios respiros. El primero se produce tras violar a C1, porque a continuación es Ricart el primero en violar vaginalmente a C2. Después Anglés la viola vaginalmente, y entonces viene el segundo respiro: Anglés y Ricart se fueron al famoso Bar de Catadau a por dos bocadillos, una ensalada, una cerveza y una botella de agua, y fue después de cenar cuando Antonio ultrajó a C3. De modo que nos encontramos con dos violaciones de C1, intervalo, una violación de C2, segundo intervalo y dos violaciones de C3, aunque según el dictamen forense las dos primeras violaciones quedan reducidas a una.


Caso Alcásser. Sumario 1/93
1993.03.02 – Declaración de Miguel Ricart
DC1 (4ª inculpatoria. Anglés, Caseta de La Romana, 03/03/93)
Folios 797-799

JUZGADO DE INSTRUCCIÓN NÚMERO SEIS DE ALZIRA

… A continuación Antonio cogió a Antonia la tiró a un colchón que allí había y la desnudó totalmente mientras ésta se oponía y se defendía, siendo en todo momento reducida por Antonio, una vez desnuda y estando tumbada cara arriba Antonio se bajó los pantalones y los calzoncillos y le introdujo el pene por vía vaginal, continuando entre tanto la resistencia de Antonia al mismo tiempo que daba muestras de que le dolía la penetración. Sin embargo unos diez minutos más tarde, sin que pueda precisar el declarante si hubo o no eyaculación Antonio dio la vuelta a Antonia dejándola boca abajo, e introdujo su miembro por vía anal, mostrando también Antonia el dolor que aquello le representaba, hasta que aproximadamente unos cinco minutos después Antonia profirió unos gritos y alaridos desgarradores de dolor, apercibiéndose el declarante que Antonio encontrándose ya junto a Antonia estaba introduciendo en el ano de ésta un palo, cuyas características no puede precisar, suponiendo que debió durar unos cinco minutos la penetración del referido palo.

Una vez hecho lo anterior Antonio le dijo a Antonia que se vistiera, ayudándole a hacerlo ya que la misma se encontraba en unas condiciones muy malas, y una vez vestida la ató al poste después de haber desatado previamente a Desirée, siendo en esta operación ayudado por el declarante.

Desatada Desirée, Antonio la desnudó rompiéndole las ropas superiores y la tiró en el colchón donde le bajó los pantalones y las bragas diciéndole al declarante que “ahora le tocaba a él” protestando el declarante que en esas condiciones a él no le apetecía hacerlo respondiéndole Antonio que estaba con él o lo enviaría a tomar por culo, dando a entender que lo mataría, al mismo tiempo con un tronco de bastante grosor le golpeó dos o tres veces al declarante en la parte inferior de la espalda.

Entonces el declarante se bajó los pantalones y calzoncillos y tumbándose en el colchón encima de Desirée la penetró por delante, estando aproximadamente cinco minutos hasta que cansándose y sin llegar a eyacular retiró el miembro y se volvió a vestir, mientras tanto Antonio estuvo arrodillado en el colchón viendo como lo hacía el declarante y cuando éste terminó le dijo que si ya estaba con ello, dando a entender que le había parecido muy corto. Hace constar a este respecto el declarante que al tener acceso carnal con Desirée ésta se opuso y le pidió que no lo hiciera si bien previamente no utilizó fuerza contra él ya que previamente Antonio le dijo que la mataría si no lo hacía con el declarante.

Al terminar el declarante de penetrar a Desirée, como ya se ha dicho, concretamente Antonio le dijo que si ya has terminado, pues vaya mierda de hombre que eres, y a continuación Antonio se bajó los pantalones se montó encima de Desirée y la penetró por delante protestando y resistiendo ésta ante lo que Antonio le dio varias tortas, debiendo durar la relación sexual de Antonio unos diez minutos, pasados los cuales Antonio se subió los pantalones ayudó a vestir a Desirée y la volvió a atar en el poste junto a sus amigas, mientras tanto el declarante permaneció sentado asustado.

Estando atadas las tres, el declarante y Antonio cogieron la linterna y se volvieron hacia el coche y subiendo al mismo se dirigieron a Catadau, a un bar cuyo nombre no recuerda donde encargaron y compraron dos bocadillos una ensalada, una cerveza y una botella de agua y se volvieron con todo ello a la caseta, donde cenaron los dos y ofrecieron agua a las jóvenes, de las cuales sólo una no quiso beber.

Una vez hubieron cenado Antonio desató a Miriam le quitó la ropa y una vez desnuda la tiró en el colchón procediendo a hacer con ella lo mismo que había hecho con Antonia, esto es, la penetró primero por delante, después por detrás y por último le introdujo un palo por el ano, si bien con Miriam debió durar un poco más la penetración con el miembro viril, así como mientras la penetraba la golpeaba para evitar su resistencia.

Después de terminar con Miriam y vestirse ésta ayudada de Antonio, éste ató a aquella sobre una especie de travesero que había en lo alto estando Miriam de pie de espaldas a la pared y con los brazos un poco levantados y las manos atadas a la referida madera…


Fuentes:

  1. DSM 2.
  2. DSM 3.
    Rinaldo Pellegrini. Sexuología. Parte décima. Las anomalías del instinto respecto al propio sexo. (Homosexualidad). Capítulo III. Manifestaciones de la homosexualidad.
  3. Oleque, Joan María. Desde las tinieblas.
  4. Juan Ignacio Blanco Durán. ¿Qué pasó en Alcácer?
  5. Sumario del caso Alcàsser.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s